reciprocidad A e1563105994397 - Reciprocidad

Tratar a los demás como uno quisiera ser tratado
 es el medio más seguro de agradar que yo conozco.
Conde de Chesterfield

 De Confucio, filósofo chino (551a.C.-478 a.C.) me contaron el siguiente diálogo que no sé si fue tal cual o no, pero me sirve la lección que conlleva.
A Confucio le preguntaron en una ocasión:

─¿Cuál es, maestro, la esencia de la vida?
─No hagas a otros aquello que no te gustaría que te hicieran a ti, ni te hagas a ti lo que no le harías a los demás.
─¿Me lo podrías decir en una palabra?
─¿No es reciprocidad esa palabra? 

San Pablo en Gálatas 6,7 escribe: No os engañéis: de Dios nadie se burla. Lo que uno siembre, eso cosechará.

Estas universales concepciones de la relación causa-efecto indican una verdad muy importante: solemos ser responsables, en gran medida, de las cosas que nos suceden. Veamos dos ejemplos.
Aquella señora que tuvo un accidente de tráfico por no detenerse en un ceda el paso, pero que se negaba a aceptar cualquier responsabilidad. La llevaron a juicio y perdió. Por su actitud obcecada, tuvo que pagar las reparaciones y los gastos del juicio.

Otra señora estaba detenida en un stop cuando fue golpeada por un coche que no respetó la señal. La señora, con una actitud conciliadora, afrontó la situación con calma, dialogó con el otro conductor y solucionaron el problema de mutuo acuerdo.
Esta buena mujer, pensó, en más de una ocasión, qué sentido tenía un accidente así, pero fue lo suficientemente sabia para darse cuenta de que lo más importante, no es lo que le ocurre a uno, sino cómo aborda la situación.

Hay veces que no nos sentimos cómodos con lo que nos acontece, porque nos cuesta asumir nuestra responsabilidad sobre la vida. Es más fácil culpar a los padres, vecinos, amigos, suerte, azar, cónyuge, gobierno, o a cualquier otra excusa.
Pero lo cierto es que somos responsable, en gran medida, de lo que nos acontece. Esto tiene una consecuencia fantástica: tenemos la oportunidad de hacer ─u ocasionar─ que nuestra vida sea tal como la deseamos. ¡Es fascinante!, porque cualquiera que sea la situación que se nos presente en la vida, tenemos la posibilidad de crear una experiencia positiva a través del poder de elección.

El ejemplo es muy conocido: el sol es el sol, pero ante él la mantequilla y la arcilla reaccionan de distintas maneras: la una se derrite, y la otra se endurece. De la misma forma, una circunstancia, un hecho, producirá un efecto u otro en nosotros, según sea nuestra actitud.

Es una faceta de la reciprocidad.

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