vareando-olivos

En este mundo no se logra nada útil ni grande
 sin esfuerzo ni sacrificio.
– Adolfo Kolping-

           Un turista, hombre de ciudad, va paseando por un campo de olivos y encuentra a un joven tumbado bajo uno de ellos. Se acerca, movido por la curiosidad, y le pregunta:

─Buenos días, joven, perdona mi curiosidad, por estas tierras, ¿cómo recogéis las aceitunas?
─Sencillo. Extendemos una lona debajo del olivo, y cuando sopla el viento, caen las aceitunas y las recogemos.
─¿Y si no hay viento?
─Pues…, mal año.

           El cuento es exagerado, pero pone de relieve que, frecuentemente, se nos olvida que el Dios que nos dio el olivo y el viento, también nos dio fuerzas para coger la vara y varear las aceitunas para que caigan en la lona sin necesidad de que sople el viento.

Con relativa frecuencia, en lo humano y en lo divino, actuamos como si el sudar y el confiar estuviesen reñidos, cuando en realidad son complementarios: a Dios rogando y con el mazo dando, dice nuestro refranero. Ni la confianza debe aminorar el trabajo, ni el trabajo debe reducir la confianza; son dos factores necesarios y complementarios. Los dos.
Me dijo un hombre experimentado en la ciencia de la vida, trabaja, Antonio, y no tendrás que pedir al cielo que te libre de unos males cuyas soluciones están al alcance de tus manos.El evangelio dice que Dios da la comida a cada pájaro (Mt,6-26), pero no se la lleva al nido.

Debemos tener en mente que el esfuerzo, el sacrificio es un valor muy importante para superarnos en nuestra vida por la fuerza que imprime en nuestro carácter. Compromiso, perseverancia, optimismo, superación y servicio, son algunos de los valores que se perfeccionan a un mismo tiempo; por eso, el esfuerzo, la autoexigencia no es un valor que sugiera sufrimiento y castigo, sino una fuente de crecimiento personal.

¿Por qué es tan difícil tener espíritu de sacrificio? Porque estamos acostumbrados a dosificar nuestro esfuerzo, y a pensar que «todo» lo que hacemos es más que suficiente. Dicho de otra forma: debemos luchar contra el egoísmo, la pereza y la comodidad y contra uno de los tópicos de nuestra época: lo hago porque me apetece; no, lo hago porque lo debo hacer, aunque no me apetezca.
Todo aquello que vale la pena requiere trabajo, esfuerzo, sacrificio, pues querer encontrar caminos fáciles para todo, sólo existe en la mente de personas con pocas aspiraciones. Quien vive el valor del esfuerzo, va por un camino de constante superación, haciendo el bien en todo lugar donde se encuentre.

Hay que arrimar el hombro y varear, porque si solo confiamos en que sople el viento…, mal año nos espera.

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