progreso-3

El hombre razonable se adapta al mundo;
el irrazonable intenta adaptar el mundo a sí mismo.
Así pues, el progreso depende del hombre irrazonable.
-George Bernard Shaw-

           Discutían dos amigos la necesidad, o no, de una fe viva, vigente, iluminadora de la sociedad.

En un estado laico sobran las manifestaciones religiosas, los símbolos religiosos; sobra Dios.
          ─ Y en su lugar, ¿qué ponemos?, ¿quién lo sustituye?
          ─ La humanidad liberada, el esfuerzo solidario.
          ─ El problema está en que se comienza por desplazar la Cruz, y se termina por destruir el mundo.
          ─ No es cierto, siempre nos queda el mundo del progreso, el mundo del bienestar.
          ─ ¿Progreso? ¿Qué progreso? ¿Ese famoso progreso ateo que trae también consigo los misiles, los abusos, la contaminación y tantos excesos que pueden arrastrar a la humanidad a una catástrofe?

           Es la eterna la utopía de crear un mundo feliz lejos de Dios; pero los hechos demuestran que, a la larga, el progreso con hombres que no reconocen a Dios constituye un peligro continuo, porque un crecimiento sin la dimensión moral, interior y personal acaba por desarrollar las más salvajes y oscuras tendencias del hombre.
Un progreso así acaba convirtiendo al hombre en una máquina dominada por las máquinas, en un número que maneja números, en un bárbaro delirante que puede servirse de las fuerzas inmensas de la naturaleza y de la mecánica para satisfacer sus instintos de rapiña, destructores y orgiásticos (Romano Guardini).

Precisamente la fe cristiana ayuda a minimizar esas tendencias agresivas del hombre y empuja el progreso favoreciendo el despertar de la conciencia proletaria, exaltando a los pobres y anunciando una justicia futura y universal.
Los hay que creen que Dios y la religión hablan del más allá, pero evaden los esfuerzos para la construcción de un paraíso cercano que ha de realizarse aquí en la tierra mediante el progreso de la humanidad.
Ignoran, los que así piensan, que un cristiano, precisamente por ser cristiano, está obligado a trabajar por un progreso que sea progreso para todos, y por una promoción social para todos.

En su encíclica LABOREM EXERCENS, el Papa Juan Pablo II, dice en la introducción: Con su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano, contribuir al continuo progreso de las ciencias y la técnica, y sobre todo a la incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad con sus hermanos.

Como me decía aquel castizo amigo: a ningún hombre honrado le estorba la religión. No es, creo yo, la honradez cristiana una mala base para un buen progreso.

(Visited 68 times, 1 visits today)

Entradas relacionadas

Leave a Reply