La mayoría de las personas fracasan
por no haber concebido una idea clara
de lo que quieren conseguir.
Walter W. Atkinson-

Martí Gironell Gamero (1971) escritor y periodista catalán, cuenta en su libro Plan de vuelo una experiencia que tuvo lugar en el desierto de Arizona.
Matt se reunió con otros 300 paracaidistas en el desierto de Arizona para batir un récord imposible: volar unidos en caída libre y en formación al menos durante tres segundos, a 200 kilómetros por hora. Y lo consiguieron.

Tres segundo no es nada, pero es una enormidad coordinar a trescientos paracaidistas mientras caen a doscientos kilómetros por hora. Un reto casi imposible que ellos lograron. ¿Cómo?

  • Aportando cada uno una gran flexibilidad para adaptarse a un entorno imprevisible.
  • Saber mantener la estabilidad y el rumbo a pesar de vientos adversos.
  • Mediante el compromiso personal para dar prioridad a los cambios de conjunto.
  • Aportando creatividad personal para resolver conflictos sobre la marcha.
  • No perdiendo de vista nunca la visión de conjunto.

Para llevar a buen puerto cualquier actividad en grupo, hay que practicar la inserción de nuestras cualidades en el bien común, y no al contrario como habitualmente tendemos a hacer. Dicho con palabras del J.F. Kennedy cuando era presidente de EE. UU.: «No preguntes lo que América puede hacer por ti, sino qué puedes hacer tú por América y por la libertad del ser humano».

Hay que aprender a pensar en equipo, dejando de cavilar según nuestras necesidades individuales, para intentar englobar el bien del colectivo.
Practicar la empatía que nos permite ponernos en el lugar de otros para entender su punto de vista, sus problemas y limitaciones. Eliminar de nuestro discurso cualquier rastro de negatividad, pesimismo y desánimo ya que su contagio se propagaría en el grupo como una plaga.

Muy importante también, no hacernos correa de trasmisión de críticas de unos miembros hacia otros, sino promover que las personas implicadas traten directamente el problema.
Aprender a elogiar las capacidades de otros. Con ello fomentamos su participación y evitamos posiciones defensivas. No hay nada tan desmotivador como no ver nunca reconocido el propio valor.

Usar el humor para limar asperezas y celebrar los pequeños éxitos, facilita enormemente la consecución del siguiente objetivo.
Evitar las reuniones inútiles: se convierten en una lucha de egos en la que cada uno trata de reivindicar su papel individual en el grupo.

Familia, amistad, realización personal, paracaídas, despegue, proyectos, aterrizajes…, son valores al alcance de todos si, con realismo e ilusión, acertamos a hacernos un práctico y sensato plan de vuelo.

 

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