Simone Biles 2 A e1578655356146 - Persiguiendo un sueño

Si un hombre no tiene un ideal
y trata de vivir apoyándose en él,
se transforma en una criatura sórdida.
-Theodore Roosevelt-

Simone Biles, la pequeña gimnasta norteamericana que consiguió cinco medallas olímpicas (cuatro, de oro), nos cuenta cómo lo consiguió en el libro Sin miedo a volar.
  Simone nació el 14 de marzo de 1997 en Colombus, en el estado norteamericano de Ohio, de una madre tremendamente inestable por las drogas y el abuso del alcohol.

Os voy a contar cómo mi fe y mi familia consiguieron que mis sueños más profundos se hicieran realidad. Y cómo, cuando persigues un sueño, puede darte alas para volar.

   Unos años difíciles en la pobreza. Desayunaba cereales con agua porque no tenían dinero para leche. Por la situación de la madre (drogadicta-alcoholica), acabó en una casa de acogida hasta que los abuelos la «adoptaron». La abuela, Nellie, tenía sus temores para la adopción hasta que una amiga le dijo:

El Señor no se equivoca. Nunca te pide más de lo que puedes hacer.

En casa de la abuela Nellie, hija de un senador que además era diácono de la iglesia católica, Simone encontró el ambiente que posibilitó su desarrollo. En aquella casa rezaban el rosario a diario e iban a misa los domingos.
A los seis años entró en el gimnasio Bannon donde encontró a Aimeé Boorman, mujer providencial, amable y exigente, que se convirtió en su entrenadora. Supo comprenderla, animarla y motivarla en los momentos duros que tiene la alta competición.

Desde 2012, su preparación va a más. Se dedica intensamente al entrenamiento y a la competición, donde no para de obtener triunfos. Los consejos de su madre son valiosos:

No compitas nunca contra alguien en concreto. No lo haces para machacar a nadie, sino para sacar lo mejor de ti misma.

Echando la vista atrás, la pequeña y robusta, Simone, nos comenta:

Por increíbles que hayan sido las olimpiadas, el mayor regalo ha sido la oportunidad de hacer felices a aquellos que más me quieren, mi familia. Por encima de todas las medallas de oro del mundo, quería que se sintieran orgullosos de mí. Ellos sabían desde el principio que tenía alas. Simplemente esperaron a que yo las desplegara.

No puede conseguirse ningún progreso verdadero con el ideal de facilitar las cosas. Un ideal exigente y atractivo nos motiva para sacar lo mejor de nosotros mismos y, como dice el refranero: Quien no se cansa, su ideal alcanza.

Es verdad que hay que ser realistas y vivir con los pies en el suelo, pero, al mismo tiempo, tenemos que motivar todas nuestras energías persiguiendo un sueño.

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