Quiero crecer. Yo quiero ser mejor. Tú creces.
Todos crecemos. Estamos hechos para crecer,
o evolucionamos o desaparecemos.
-Tupac Shakur-

Leo Iglesias, representante y amigo personal del atleta paralímpico Xavi Torres, dice de él:

Conocí a Xavi Torres en Formentera, en una travesía para recaudar fondos como ayuda a la investigación de la fibrosis quística. Me pidió ayuda para llevar a cabo un proyecto y, sin pensarlo, le dije que sí; ese proyecto se convirtió en el «Límite 24 horas».

Y cuento esto porque esta situación define a Xavi: no hay barreras, sabe buscar y utilizar las herramientas necesarias para llevar a cabo sus sueños; no hay límites.

 Lo que Xavi se propone, lo consigue. ¿Cuál es su secreto? Su cabeza, que ha sabido sacar el 100% de sus capacidades y se ha olvidado de sus discapacidades. Y esto es algo que recomiendo a todo el mundo, porque serán más felices. Xavi es alguien que, con una simple llamada en un día gris, te anima relativizando los problemas.

 Indudablemente Xavi no sería quien es, ni como persona ni como deportista, sin sus padres; ¡muy grandes! Que fueron los que lo enseñaron a que no hay que rendirse, que hay que luchar ante las adversidades, que seguro se pueden vencer, y Xavi es un ejemplo de ello. (Sin miedo a caerme, de Gabriel Forteza).

Nuestro propósito debería ser no pasar por la vida sin dejar huella, sin probar cada día hasta donde buenamente podamos llegar; simplemente creyendo que, poniendo los medios, podemos mejorar o plantearnos retos que antes no habíamos soñado. La vida tiene su propia dinámica de crecimiento, su propia fuerza vital que nos habita y que podemos despertar, o no. Es nuestra decisión.

En esas etapas en las que nos sentimos cansados, desmotivados, con poco «espíritu» y con el cerebro a medio gas, ¡hay solución! El primer paso es reemplazar el paniaguado «tengo que» por el decidido «quiero», convirtiendo, así, nuestro propósito en un deseo más que en una obligación, porque motiva más un anhelo que una imposición.

Quien algo quiere algo le cuesta; es decir, hay que tener presente que alcanzar nuestras metas requiere trabajo, esfuerzo, renuncia, fuerza de voluntad y debemos valorar si estamos dispuestos a hacerlo.

No se consigue de la noche a la mañana; hay que entrenarlo constantemente con pequeñas renuncias, hay que marcarse metas exigentes y asequibles y, llegado el momento, podemos buscar metas que parecen locuras: nadar 24 horas ininterrumpidamente, por ejemplo, y comprobaremos que, con tenacidad, buena programación y voluntad decidida, no hay barreras.

 

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