no abrir tienda

Tengo muchos relojes a los que dar cuerda,
pero al primero que necesito dar cuerda es al mío.
– Harry Paul-

         -No sé que hacer, chico, me decía un amigo comerciante, y aunque he probado de todo, no consigo llenar la tienda de compradores.
         -Prueba, además de ofrecer buen género, a mejorar la actitud: sonreír, acoger, disfrutar con el cliente…
         -Y a eso ¿qué precio le pongo?
         -El de la empatía.

En mi ya experimentada vida he conocido muchos comerciantes que triunfaron porque pasaban muy buenos ratos atendiendo «su» negocio; pero con el tiempo, algunos de estos comerciantes fueron transformando «su» negocio en «el» trabajo. Del gozo pasaron al aburrimiento perdiendo, así, todo interés por su tarea y, claro, fracasaron.

Shakespeare, con su intuición sutil dijo: Nada es bueno o malo, sino que el pensamiento es lo que hace que las cosas sean buenas o malas.

«Beber» el sol, saludar acogedoramente a un amigo, poner el alma en cada apretón de mano, caminar sonriendo, ayudar a los demás siendo creativos, acaban por conducirnos a la felicidad puesto que la felicidad no depende de condiciones externas, sino de actitudes internas.

No es lo que tenemos o lo que somos o donde estamos o lo que realizamos lo que nos hace felices o desdichados, aunque también ayude, evidentemente; no es lo que hacemos sino lo que pensamos acerca de ello lo que genera en nosotros el estado de euforia o depresión.

Si queremos ser una persona acogedora, capaz, emprendedora y útil, tenemos que ir posibilitando que esa idea se vaya apoderando de nosotros hora a hora, porque pensar bien es crear y todas las cosas se producen a través del deseo.

Así llegaremos a identificarnos con aquello en lo que se fija nuestro corazón. Determinar fijamente esa idea y, sin cambiar de dirección, ir directamente a la meta.

Todos tenemos margen de mejorar porque, poco o mucho, todos somos creativos. Es cuestión de poner en marcha las ideas y saber esperar, ya que las ideas son como las frutas, han de crecer y madurar.

Hay que empezar por casa. No es exigiendo a otros lo que yo no hago la forma más eficaz de realizarnos, puesto que nadie puede ver y comprender en otros lo que él mismo no ha vivido.

No debemos pedir peras al olmo y exigir a los demás lo que nosotros no damos; por eso, si queremos eficazmente enriquecer nuestro entorno vital, debemos tener presente el proverbio chino:

         –El hombre cuya cara no sonríe, no debe abrir una tienda.

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