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Necesidades innecesarias

By septiembre 28, 2018 No Comments

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Los adultos son criaturas
llenas de caprichos y secretos.
-Roald Dahl-

           Conozco bastantes amigos moteros que disfrutan con sus grandes motos dedicándoles tiempo y dinero. Las hay de todo tipo, gusto y prestaciones: Honda, Yamaha, Harley-Davidson, etc. La mayor parte de mis amigos tienen las motos por simple afición y entretenimiento, pero también conozco a algunos que el entretenimiento los llega a dominar y, así, inconscientemente, la moto se convierte en una necesidad inventada, innecesaria, nociva que llega a poseerlos.

Es el caso de Martín, para el que su Harley-Davidson no era solo un divertimento, un medio de transporte, un deseo…; era mucho más, era una especie de garante de su valía en la vida. Su moto era su todo, y hasta tal punto había revalorizado su capricho, que solo el pensar en la posibilidad de perderla no le dejaba disfrutar de ella.

Se convirtió en esclavo de su necesidad innecesaria, y hasta tal punto se obsesionó con la Harley, que la sola idea de que pudiesen robársela, le ocasionó un trastorno compulsivo alrededor de su necesidad innecesaria.

Posiblemente, a su debido tiempo, nadie explicó a Martín que necesitar es sinónimo de depender, de sentirse hipotecado y algo enjaulado.

La persona madura sabe que la única forma de disfrutar de los bienes de la vida es estar dispuesto a perderlos. De lo contrario, la tensión inherente a la posibilidad de perderlos es demasiado grande. Parece una contradicción, pero es la realidad: solo podemos disfrutar de lo que podemos prescindir.

¡Ojo!, pues, a los padres cuando obsequian a sus hijos con su primer teléfono móvil con la absurda idea de tenerlos así más controlados; aparte de estar engañándonos a nosotros mismos estamos dándoles un regalo envenenado del que ya nunca podrán escapar. A partir de ese momento toda su vida girará en torno al dichoso ingenio; desde el primer momento en que enciendan la pantalla quedarán embrujados sin antídoto posible conocido, pasando a formar parte de la masa autómata que deambula por nuestra sociedad.

Suele ocurrir que estos deseos absorbentes son fuentes de insatisfacciones, porque generan expectativas tan altas que no son fáciles de satisfacer. Por eso Martín no se sentía pleno, aunque tuviese su Harley Davidson consigo. Y es que cuando tenemos deseos «fetiches», perdemos la capacidad de disfrutar de la vida, ya que toda necesidad inventada es una fuente de debilidad.

Es bueno ─y necesario─ intentar crecer, prosperar, enriquecernos como personas, con deseos racionales de progreso; pero siempre que ese sano afán de perfeccionamiento no llegue a quitarnos la paz, o se convierta en una debilidad, al transformarse en una necesidad innecesaria.

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