Churchill café

La ironía es la unión de verdades contradictorias
para crear una nueva verdad sonriendo o riendo.
-Jane Austen- 

Durante uno de los discursos de Churchill en el Parlamento, una diputada de la oposición pidió la palabra. Todos sabía que a Churchill no le gustaba que interrumpiesen sus discursos. Pero, no obstante, la palabra le fue dada a la diputada que dijo en alto y buen tono:

         – Señor Ministro, si Vuestra Excelencia fuese mi marido, ¡yo pondría veneno en su café! 

Churchill, con mucha calma, se quitó los lentes y en aquel silencio en el que todos estaban esperando la respuesta exclamó:

         –  Y si yo fuese su marido, me tomaba ese café.

Conviene no confundir la ironía con el sarcasmo. El sarcasmo es algo similar a la ironía pero que, de manera velada o no, hay una intención de burla, maltrato o humillación evidente hacia el receptor. El sarcasmo posee cierta dosis de crueldad, ya que como su nombre en latín indica, es una burla sangrienta.

            La ironía es la figura literaria mediante la cual damos a entender lo contrario de lo que decimos. También utilizamos la palabra ‘ironía’ para esas situaciones que parecen incongruentes o que tienen una intención que va más allá de lo que pudiera parecer a primera vista, mientras que el sarcasmo es una burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo.

Soy de los que opinan  que para hacer humor, se debe ser muy inteligente para no caer en el chiste fácil, ramplón y vulgar al que nos tienen acostumbrados muchos humoristas y comediantes del país, que, posiblemente, fueran más productivos haciendo otras cosas. Posiblemente, no sé.

Pero  tampoco  hay que ir al mundo de la farándula, para encontrar ejemplos de «graciosos».  ¿Quién no tiene, dentro de su círculo de amistades,  alguno que otro que se cree súper chistoso haciendo comentarios ofensivos y mal intencionados?

Y es que el humor negro, el sarcasmo y el Ph ácido, son habilidades que tienen aquellas personas que no son capaces de burlarse de sí mismas antes que de los demás.

La ironía elegante es constructiva, es todo un arte que enriquece a quien la practica y estimula a quienes la oyen. Es un café con azúcar.

El sarcasmo es agresivo y destructor, enorgullece a quien lo practica y destroza al oponente. Es café amargo y con veneno.

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