Me gustaría ayudarte A  - Me gustaría ayudarte

Gracias y buen trato valen mucho y cuestan barato.
-Refranero.

  Hay quienes dudan de la veracidad de la anécdota y la reducen a maravillosa fábula. Me da igual; me fijo en la lección que conlleva y con ella me quedo.
El caso es que, a finales del siglo XIX, un destacado parlamentario británico atravesaba, a toda prisa bajo la lluvia y la niebla inhóspita, la campiña escocesa para pronunciar un discurso crucial. Tiene un accidente y el carruaje donde viajaba se salió del camino con las ruedas hundidas en el barro.
No hubo forma de sacar el carruaje del socavón; por casualidad pasó por allí un niño campesino escocés conduciendo un tiro de caballos. Se paró y ayudó al personaje a desatascar su carruaje.

El personaje quiso agradecérselo dándole dinero, pero el niño se negó de plano a aceptar el dinero. Antes de marcha, el parlamentario le dijo al niño:
¿Qué te gustaría ser de mayor?
 ─Médico, señor.
 ─Bien, pues me gustaría ayudarte.
 Y el parlamentario cumplió su palabra, pues gracias a su ayuda, el niño pudo ir a la universidad.

Cincuenta años más tarde, Winston Churchill enfermó gravemente de neumonía mientras estaba en Marruecos. Salvó la vida gracias a un nuevo y maravilloso medicamento: la penicilina, descubierta unos años antes por un médico escocés llamado sir Alexander Fleming.
Fleming era el niño que medio siglo antes había ayudado al parlamentario inglés en aquella oscura y lluviosa noche. ¿Y quién era aquel parlamentario?¡Pues ni más ni menos que el padre del propio Winston Churchill, Randolph!

Si la ingratitud agría la vida, la gratitud la dulcifica. Gratitud podría ser el arte de manifestarse grato, agradable, reconocido; el arte de despertar en los demás un sentimiento agradable por la gratitud manifestada.
Hay que educar al corazón para hacerlo agradecido, siempre agradecido. Espontáneamente se producirán, entonces, las mil variadas expresiones, densas de sinceridad, que harán la vida más grata y más vivos los vínculos sociales. Y todas las personas se sentirán apoyadas por la estima de los demás.

Seamos prácticos, si un hombre no está agradecido por lo que tiene,  es probable que no sea agradecido por lo que tendrá. No, la gratitud no puede enseñarse a base de fórmulas, hay que cultivarla en el día a día como una explosión natural de un corazón ennoblecido, amigo de los más ricos sentimientos.

Me acuerdo que alguien me comentó lo agradable que es sentirnos importantes, pero que es mucho más importante presentirnos agradables, y, con esta actitud, agradecer cualquier favor con un espontáneo, sincero y expresivo: me gustaría ayudarte.

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