aGRADECIMIENTO lo más rentable 2  e1542365686908 - Lo más rentable

Agradezco a Dios por mi discapacidad,
 porque gracias a ella me he encontrado
a mí misma, mi trabajo, y a Dios.
-Helen Keller-

 Hay muchos corazones que esperan todos los días la caricia de la gratitud. No esperan, normalmente, favores materiales, porque hay favores que no se pagan con todo el oro del mundo, y hay almas suficientemente elegantes para no esperar más que un gesto, un detalle, una palabra de agradecimiento. Y, con solo eso, se sienten felices.
Me acuerdo de aquel amigo que me comentaba:

Yo comprendo que no siempre se pueden satisfacer las necesidades o aspiraciones de uno. Las empresas tienen su propia dinámica marcada por las leyes económicas y de mercado, lo comprendo. Lo que me cuesta entender, Antonio, es que mis directores, mis jefes, no se esfuercen por tratarme mejor. El ser cordial no cuesta dinero, pero es lo más rentable.

Es un hecho universal. La mayoría de las personas solo esperan un trato mejor, más afable, más reconocido. Un más vivo y cálido intercambio personal en el que unos y otros se traten así: como personas. Personas que tienen y comparten afectos, sentimientos, mutuas consideraciones y estima.
En la mayoría de las ocasiones, para disfrutar de la vida no hacen falta grandes cosas, es cuestión de ser constante en los pequeños ─y asequibles─, detalles constructivos: un gesto, una palabra, un tono adecuado de voz, una simple mirada, pueden crear bienestar.

Cualquier detalle de gratitud, sin grandes esfuerzos de nadie, puede hacer ganar en profundidad las relaciones humanas, haciendo, así, la convivencia más cordial y la vida más amable, porque la gratitud, para unos y para otros, juega un papel decisivo.
Una persona feliz es la que ha aprendido a cultivar la alegría, la estima, la ternura, la buena voluntad, la gratitud, hasta el punto de tener como objetivo diario determinarse a ser feliz todos los días tratando de hacer felices a los demás.
Aquel enfermo con depresión que acudió al médico y este le dijo:

─Durante seis semanas le prescribo que, con una sonrisa, diga «gracias» a todo aquél que le haga un favor.
─Pero si nadie me hace favores, doctor.
─Busca y hallarás. 

Cuando el paciente volvió a las seis semanas, traía mejor aspecto, se había liberado de sus quejas contra la vida, porque se había convencido que, de pronto ─desde que él cambió─, las gentes se habían vuelto más amables y bondadosas.
Aunque pueda sonar a cuento de hadas, no lo dudéis, amigos, todo lo que invirtamos en gratitud, se vuelve beneficioso, porque el agradecimiento, para unos y para otros, es lo más rentable.

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