sencillez  e1551444625654 - Linealidar la vida

El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro,
 empieza a vivir más sencillamente por fuera.
-Ernest Hemingway-

El papa san Pío X (1835-1914) era el pontífice de la sencillez. En medio de los esplendores del Vaticano llevaba con dignidad todo el protocolo, pero tan pronto como se desposeía de la tiara y los ornamentos pontificios, volvía con naturalidad a su sencillez innata.
Se complacía conversando y bromeando sencillamente con sus ayudantes de cámara y con sus jardineros, interesándose por su salud y por la de sus familias. Dada la mentalidad de la época, los asesores le advertían que se rebajaba demasiado en su trato con los inferiores. El Papa solía contestarles:

Falta saber quiénes son los inferiores: ellos o nosotros; porque según el juicio de Dios, el mundo será al revés de como nosotros lo vemos.

En todos sitios y situaciones, encontramos personas convencidas de que cuanto más sofisticados, atusados y adornados estén, tanto más prestigiosos, admirados y poderoso son.
¡Error! En realidad, la cualidad que más valoramos es la sencillez, porque el que es realmente magnánimo, no es arrogante, desconoce la prosopopeya, se pone a la altura de los demás sin impedir que su riqueza interior se esconda.

Giacomo Leopardi, poeta, filósofo y filólogo francés (1798-1837) nos dejó este sugerente pensamiento: Resulta curioso ver que casi todos los hombres que valen mucho tienen ademanes sencillos; y que casi siempre los ademanes sencillos se toman como indicio de poca valía.

Es el peligro de equivocarnos, que nos suele acechar cada vez que tenemos que juzgar las realidades humanas. Equivocar la sencillez con la ramplonería, sin darnos cuenta de que lo ordinario y tosco, es más bien la deformación del verdadero rostro de la sencillez.
Lo sencillo, paradójicamente, es poderoso. Lo sencillo se conquista desde la síntesis de la experiencia y de la sabiduría. Lo sencillo es natural, es fácil, es amable, no tiene pretensiones y, por lo mismo, conquista las voluntades y los corazones.

Aristóteles, en su Retórica, apunta que la sencillez hace a los oradores incultos más eficaces que a los cultos al dirigirse a un público popular. Evidentemente hay que huir del simplismo, de una excesiva reducción, pero es indudable que la linealidad en el razonar y el saber apuntar a las sustancias de las cosas, son dotes preciosas que se pueden conquistar.
Y todo esto es trasladable a la vida misma, cuya sencillez en las maneras y en las actitudes es una virtud que hay que conquistar contra toda tentación de artificio, de afectación, de prepotencia, de arrogancia.

Ya digo: linealidar la vida.

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