las carnes en la nevera

El pudor es un sólido que sólo se disuelve
en alcohol o en dinero.
-Enrique Jardiel Poncela-

Un caluroso día de verano andando yo por las calles de una de las capitales andaluzas, me llamó la tención el escaparate de una carnicería. No había nada en el escaparate, ningún género cárnico, sólo un gran rótulo en el centro que decía:

– Debido a los calores estivales, las carnes las guardamos en la nevera.

         Y observando a muchas de las mujeres con las que me cruzaba por las calles, me hice la siguiente reflexión:

A algunas mujeres, ¿no les ocurre lo contrario? Parece que los calores estivales les llevan a exhibir la carne. 

Sin embargo el pudor y la modestia en el vestir y en los adornos del cuerpo inclina a la persona a evitar no solo lo que es ofensivo a otros sino también lo que no es necesario. Pero en algunas mujeres la vanidad, ese afán de llamar la atención, puede llegar a hacerse irracional. Entonces se puede llegar a la impudicia que es la magnificación de algún rasgo humano aislado, que se considera atractivo.

Cuando se trata de llamar la atención a toda costa se cae en el exhibicionismo. Entonces la persona se convierte en mero objeto para llamar la atención, se transforma en cosa. Esto es la cosificación del hombre. El ser humano, que es persona, se presenta a sí mismo como cosa. Esta cosificación es degradante por contagio: estropea las relaciones humanas, porque los que se sienten atraídos por el exhibicionismo se cosifican también.

Este es el régimen de la publicidad presente en la sociedad de consumo. Todo es vendible y todo sirve con tal de vender. Así se desencadena la exhibición de excelencias aparentes, reforzadas por asociaciones fáciles que sugieren otras satisfacciones. Con tal de llamar la atención se acude a lo procaz.

Cuando la necesidad de llamar la atención se transforma en una necesidad sin control, se emplea cualquier medio para lograrlo. Entonces lo más fácil es apelar a los malos instintos de la gente.        

Se puede y se debe atraer sin despertar los instintos de los demás, que les dificultan reaccionar como personas ante las personas. Y para la psicología masculina, una mujer que reduce su ropa se convierte en objeto de deseo.

Las carnes en la nevera, porque cuando uno va mostrando y ofreciendo su intimidad al mercado público de la vista, es señal de que la valora muy poco.

 

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