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La simpatía de Dios

By diciembre 24, 2021 No Comments

 

Después del amor, la simpatía es
 la pasión divina del corazón humano.
-Edmund Burke-

Cuentan las crónicas del lugar que mandaron a cierta parroquia a un diácono para que echara una mano durante unos días. A nuestro protagonista todo le sonaba a nuevo y hubo un detalle que le llamó la atención desde el primer día. Observó que un viejecito pasaba horas sentado en uno de los últimos bancos de la iglesia; el hombre tenía una botella en una mano y un bocadillo en la otra.

Nuestro diácono se acercó al hombre y, lo más amablemente que pudo, le comentó que la iglesia no era el sitio adecuado para comer un bocadillo y echar un trago, que había lugares mucho más apropiados para esos menesteres.
No hubo la menor reacción. El viejecito, ausente, ni se movió ni hizo el más mínimo gesto. Insistió el diácono varias veces, pero el hombre nada de nada.  Bastante enfadado el diácono se dirigió a la sacristía, donde estaba el párroco y, conteniendo la indignación, informó al sacerdote, el cual, sonriendo, le dijo:

—Sí, ya, tranquilo, es David. Era un católico practicante y comprometido, tenía un fantástico empleo, una familia extraordinaria y un futuro brillante, pero tuvo un grave accidente con el coche, del cual salió con vida, pero perdió la memoria; desde aquel nefasto día no sabe quién es ni reconoce a nadie; ni siquiera a su mujer y a sus hijos. Cogió la costumbre de venir a la iglesia y ahí se pasa las horas muertas todos los días hasta que vienen a recogerlo y se lo llevan a casa.

El diácono, ante semejante información, cambió de actitud hacia el viejecito y hasta le cayó simpático. Lo observaba con interés y, de vez en cuando, lo veía abrir los brazos en cruz y repetir algunas palabras que no lograba entender.

El último día de su estancia en la parroquia quiso despedirse de él; se le acercó, se sentó a su lado y, rebosando cariño, le dijo:
Adiós, David. Pronto seré sacerdote. Si pudieras, me gustaría escucharte un consejo. ¿Qué debería ser el sacerdote?
Y, cuentan las crónicas del lugar que David miró fijamente a los ojos al diácono y, sin pestañear, respondió:

La simpatía de Dios.

¿Simpatía de Dios? Jamás el diácono había oído semejante definición del sacerdocio.

Pues bien, para testimoniar nuestra fe en el día a día, os propongo este sencillo y eficaz apostolado: esforzarnos en ser la simpatía de Dios.

 

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