La piel engurruñada A  - La piel engurruñada

Nadie envejece por vivir;
sino por perder interés en vivir.
-Marie Beynon Ray-

Arrugas en la cara, arrugas en el alma. No es lo mismo. Puede engurruñarse la piel, pero si el espíritu mantiene ilusiones que lo renuevan cada día, se es joven por muy estriada que esté la piel.
Aquel hombre, ya entrado en años, no era solo mayor, era viejo. Sentado en la terraza de un restaurante, con su cabeza apoyada en su arrugada mano derecha, mantenía una mirada perdida de añoranza y aburrimiento.

Buenos días, señor, ¿qué desea tomar?
          El hombre no responde.
─Perdone, señor, ¿desea tomar algo?
 ─Desearía ─respondió bajito, cansino─ desearía… tener un deseo. 

Ser mayor es quien tiene mucha edad; viejo es quien perdió la jovialidad. La edad causa la degeneración de las células; la vejez produce el deterioro del espíritu.
Uno se va haciendo mayor con los años, pero sigue soñando; cuando apenas consigue dormir, toca la vejez. Si cada día sacamos tiempo para hacer ejercicio, algo de deporte, año tras año, seremos mayores, pero no viejos; el viejo ─a cualquier edad─ pasa la mayor parte de su tiempo sentado o acostado.

Si cada día que comenzamos es único, es que seguimos teniendo deseos y eso ─a cualquier edad─ es juventud; si todos los días son iguales, empezamos a envejecer.
Usted es mayor cuando en su agenda tiene proyectos y obligaciones para cumplir mañana, pasado mañana o la semana que viene; es viejo cuando su agenda está en blanco y solo vive pensando en el ayer.
El mayor trata de renovarse cada día que comienza. El viejo se detiene a pensar que ese puede ser el último de sus días y se deprime; el mayor, pone la vista en el horizonte, donde el sol sale e ilumina sus esperanzas; el viejo tiene cataratas que miran las sombras del ayer.

Jean-Baptiste Alphonse Karr, crítico, periodista y novelista francés (1808-1890) escribió:

– Si no se pueden evitar las arrugas de la cara, sí es posible evitar las arrugas del alma. Digamos a los jóvenes: «Los hombres, como el vino, mejoran al envejecer». Pero digamos a los viejos: «¡Cuidado con la acidez!».

Todas las edades son hermosas con tal que el alma (y no tanto el cuerpo) tenga pocas arrugas. Madurez ─a cualquier edad─ sí; vejez no, porque es cuando aparece la degeneración, algo así como cuando se agrían algunos vinos. 

Ser mayor no es problema; ser viejo, sí. Nos hacemos mayores por un proceso natural de la vida, pero envejecemos —a cualquier edad— cuando perdemos la capacidad de desear, de crear, de vivir. Y eso engurruña la piel y arruga el alma.

 

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