La duda y el miedo 3

Los pensamientos de duda y miedo
conducen inevitablemente al fracaso.
-Bryan Adams-

          Fue en 1914 cuando el médico aconsejó a Selig Grossinger que se tomara unas vacaciones para reponerse del acelerado ritmo de vida que llevaba en Nueva York.
Cuando después de tres semanas en la montaña regresó a la ciudad, era otro hombre: sereno, fortalecido, reflexivo, con capacidad de pensar… y tomó una decisión que le cambió la vida: comprar para su familia una pequeña granja en las montañas de Catskill.
Era una finca sembrada de piedras, sin electricidad ni agua corriente; ningún lujo ni comodidad; sólo paz, silencio, naturaleza, aire y sol.

¿Y por qué no ofrecemos esta sencilla maravilla a los demás?

           Así fue como decidieron acoger huéspedes que buscaran buena comida, aire limpio y un entorno tranquilo. Los Grossinger eran tan buenos anfitriones que, a pesar de lo rudimentario de la casa, pronto tuvieron más solicitudes de hospedaje de las que podían atender.
Ese fue el origen del mundialmente famoso complejo hotelero Grossinger’s. La familia realizó la aventura de su sueño. Sabían lo que querían y se pusieron a trabajar sin dar opción a la duda ni al miedo.

Cuando no logramos alcanzar nuestras metas, normalmente, es porque nos salen al paso dos monstruos gemelos: la duda y el miedo. Si les permitimos hacerse sitio en nuestra mente, estas dos fuerzas negativas se multiplican y anulan nuestros recursos positivos que nos ayudan a superar las dificultades.
La duda y el miedo son como ladrones que privan al valioso instante presente de su legítimo control y deleite. La duda y el miedo ocasionan manifestaciones de enfermedad, carencia y relaciones no armoniosas.

Todos conocemos, por ejemplo, casos de estudiantes que decían saberse el examen, pero dejaron que la duda y el miedo los dominaran y suspendieron, porque la tensión creada por un creciente sentimiento de inseguridad, puede borrar de la mente aquello que necesita recordar.

Los pensamientos son las sendas por donde caminamos, y los pensamientos positivos son sendas ascendentes, pero si en estas sendas ponemos los pedruscos de la duda y el miedo, nuestros pensamientos se retrotraen en el fracaso y la derrota.
Es vital elegir bien la senda y reforzarla con pensamientos y expectativas positivos que superen los pedruscos que, inevitablemente, nos vamos a encontrar en el discurrir de la vida.

Una mente positiva alcanzará el éxito final cuando consigue que la duda y el miedo no marquen la pauta.

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