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Hijo de sus obras

By octubre 22, 2021 No Comments

 

Los grandes espíritus siempre encontrarán
 la violenta oposición de las mentes mediocres.
-Albert Einstein-

Es conocida la fábula de Paul Watzlawick, psicólogo austríaco nacionalizado estadounidense (1921-2007), autor de El arte de amargarse la vida, en la que cuenta cómo la propia mente se puede convertir en una fábrica de conflictos cuando nos proyectamos hacia lo que creemos que los demás piensan de nosotros.

Cuenta Watzlawick que un hombre quería colgar un cuadro; tenía el clavo, pero le faltaba un martillo. El vecino tiene uno. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero en el camino le asalta una duda:

«¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como este le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Solo porque tiene un martillo».
Vivamente indignado, nuestro hombre toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir «buenos días», nuestro hombre le grita furioso: «¡Quédese usted con su martillo, so penco!».

Releyendo la fábula me acordé de una frase de Wayne Dyer que asegura que la felicidad más que en los otros, está en nosotros: Explicado de forma simple, creemos que las cosas o las personas son la causa de nuestra infelicidad, pero eso no es exacto. Cada persona se hace a sí misma infeliz.
La gente infeliz suele tener un común denominador: todo ─personas, cosas, acontecimientos─ se tiene que adecuar a sus deseos, pero el filósofo griego Epicteto (50-135), hace ya casi 2000 años, aseguraba que es un necio quien crea que la libertad consiste en querer que todo ocurra de acuerdo con nuestros deseos.

Ser libre, sentirse felices, vernos realizados ─ayer y hoy─ no es soñar con lo que está fuera de nuestras posibilidades, sino saber disfrutar con lo que tenemos. Ser prácticos y saber que por la gran carga auto sugestiva que tiene la felicidad, no es fácil determinar en qué consiste ser feliz; pero la experiencia avala que es decisiva la influencia de nuestra manera de pensar y sentir, porque cada cual labra su propio destino y es hijo de sus obras.

 

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