todo pasa

Cuando todo parece estar en tu contra,
recuerda que, para levantarse,
los aviones necesitan ir en contra del viento
y no a favor de él.
-Henry Ford-

                    Érase una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

– He encargado que me fabriquen un precioso anillo para el que he conseguido uno de los mejores diamantes del mundo. En el interior del anillo quiero guardar un breve mensaje que me ayude en la tempestad y en la bonanza.

         Se retiraron los sabios a pensar. Reflexionaron y buscaron en sus libros, pero no podían encontrar la respuesta.

El rey tenía un anciano sirviente que lo había cuidado desde niño. Como el rey sentía un inmenso respeto por el anciano, también lo consultó.

Majestad, no soy ningún sabio, ni erudito, ni académico, pero conozco el mensaje que debe llevar ese anillo.

Y alargando la mano le dio un diminuto papel doblado mientras le decía:

Guárdelo en el anillo y léalo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentre salida a una situación.

La ocasión no tardó en llegar. El país fue invadido, el rey perdió su reino y emprendió la huida. En tan dramática y dura realidad, el rey se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Decía, simplemente, esto también pasará.

Dobló el papel, volvió a ponerlo en su anillo y con la moral recuperada, consiguió reunir a su ejército y reconquistar el reino. Cuando entró victorioso en la capital hubo una gran celebración con música y bailes. El rey, lógicamente, estaba exultante. El anciano, siempre a su lado, le dijo:

Majestad, es el momento de volver a leer el mensaje.

El rey abrió el anillo y leyó de nuevo el mensaje: Esto también pasará.

Así es, Majestad. Todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción es permanente. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Es la dualidad de la vida. El mensaje es válido no solo para cuando eres el último; también para cuando eres el primero.

Somos propensos a vivir en la “montaña rusa” de los estados de ánimo; tan pronto tocamos el cielo como nos hundimos en el fango. Pero para seguir creciendo en cualquier situación, siempre habremos de pelear. Y, es claro, o peleamos o el alma se nos embadurna de aburguesamiento y perezas. ¿Cuándo ha sido fácil el camino de algo valioso?

A veces nos centramos mucho en la intensidad del momento perdiendo perspectiva, cuando lo práctico y profundo sería mirar de cerca y de lejos a la vez las mismas cosas, las mismas circunstancias para , así, no desanimarnos en el diario pelear porque, al fin y al cabo, esto también pasará.

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