Elegir por encima de 2  e1607084505711 - Elegir por encima de...

Quien conquista a otros es fuerte;
 mas quien se conquista a sí mismo es poderoso.
-Lao Tsé-

En aquella empresa tenían como norma que un verdadero profesional no se enfrenta con el cliente, ni le replica en un desaire. Es imprescindible llegar al autocontrol, incluso si hay mucha presión de trabajo; por eso quedaron gratamente impresionados al hacerle la entrevista a aquel joven aspirante a trabajador:
─¿Cómo tratarías a un cliente airado?
El muchacho, se quedó pensativo unos segundos, y luego respondió:
─De la misma manera que a todos los demás clientes.
Le contrataron en el acto.
Más tarde, cuando su madre le preguntó cómo le había ido en la entrevista, el joven comentó:
Creo que bien, porque conseguí el empleo. Por cierto, mamá, ¿qué quiere decir «airado»?

Uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es la falta de autocontrol, que proviene de muchas causas, a veces, complejas; una forma eficaz de desarrollar el domino propio es el privarnos de nuestros caprichos y querencias porque, como decía el santo obispo de Hipona: no todo lo que me apetece, me conviene.
El autocontrol conlleva elegir lo que conviene por encima de lo que apetece, y eso se consigue entrenando, eligiendo esperar, dominarse para escoger un premio a largo plazo, en vez de ceder al deseo inmediato fruto del «me apetece» o del «me lo pide el cuerpo».

A veces no resulta sencillo, porque supone un esfuerzo frecuente para renunciar a tendencias atractivas y fáciles en todas las facetas de nuestra vida: no dejarse esclavizar por el apetito en las comidas, cortar con la natural tendencia a posponer lo que nos cuesta, romper una relación tóxica, etc.
Hay que tener en cuenta que entrenar el autocontrol supone tener paciencia, poner límites, horarios, restricciones y ─muy importante─ aprender a convivir con la frustración.  El autocontrol supone disciplina, repetición, trabajo, fuerza de voluntad y un stop total a las excusas.

Toni Nadal en su libro Todo se puede entrenar, comenta: Rafael no se queja nunca. Casi nunca. Acepta los inconvenientes, los procesa como buenamente puede y los incorpora a la lucha. Raramente se da por vencido, y esto se debe a su capacidad de aguante.
Es bien conocida la fortaleza mental de Rafa Nadal, fortaleza que se adquiere prodigando actos y gestos: aguantar sonriendo en la adversidad, repartir ideas nobles y gratos sentimientos, vivir con la mano tendida, abierta y cálida, sin estancamientos ni cerrazones egoístas.

La queja, la excusa, el «es que», son los tapones que el «me apetece» utiliza para impedirnos elegir por encima de inmediateces.

 

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