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El valle de las excusas

By noviembre 27, 2020 No Comments

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La excusa más cobarde es culpar al destino.
─Ismael Serrano─

  Para empezar bien, vamos a imaginar un día horrible. El despertador no ha sonado o no lo hemos oído y, como consecuencia, empezamos el día corriendo. Está lloviendo, y eso genera caos en el tráfico, lo cual hace que lleguemos tarde al trabajo. En uno de los parones, un conductor nos hace gestos insultantes, nos ponemos nerviosos, bajamos el cristal de la ventana y nos situamos a su altura soltándole improperios, etc.
¿Quién tiene la culpa de nuestra alteración?, ¿el despertador?, ¿el tiempo?, ¿el tráfico? ¡Excusas! Cuando pensamos así, es porque nos hemos metido en el valle de las excusas. La culpa es de cada uno de nosotros: nos alteramos nosotros, nos impacientamos nosotros, explotamos nosotros.

—¡Pero es que las circunstancias adversas existen y nos alteran!, solemos exclamar para excusarnos.

Y, evidentemente, las circunstancias existen, pero cada uno tenemos la libertad y la posibilidad de decidir nuestra reacción. La culpa no es del estímulo, sino de la respuesta que damos a ese estímulo. Esta posibilidad de escoger la respuesta es lo que nos diferencia de los animales; ellos actúan basándose en el esquema estímulo-reacción, pero los humanos no. Nuestro esquema es estímulo-decisión-reacción.
Según nuestro propio natural, en nuestro interior podemos decidir de qué modo nos pueden afectar los estímulos exteriores; por eso, entre lo que sucede y nuestra respuesta, está la libertad de escoger nuestra réplica. Y esto es educable, se puede corregir.

Nuestra mente es el jardín donde florecen nuestros pensamientos y, como consecuencia, nuestras actitudes. Si no cuidamos el jardín, inevitablemente aparecerán malas hierbas, ellas solas, sin ningún esfuerzo nuestro.
Pero si queremos tener un jardín hermoso, tenemos que cuidarlo y plantar semillas buenas: esfuerzo, amor, gratitud, compasión, generosidad, flexibilidad, determinación, autoconfianza, alegría… Al mismo tiempo cortar de raíz (cuanto antes mejor) las malas hierbas: miedo, desconfianza, envidia, desilusión, estrés, ira, frustración, amargura…

En lugar de imitar a los buenos jardineros que eliminan todo lo que contamina a su jardín, nosotros permitimos que muchos residuos tóxicos entren en nuestra mente y la emponzoñen: preocupaciones, ansiedades, nostalgia del pasado, miedo al futuro…
Para vivir una vida de máxima plenitud, hay que montar guardia y dejar que solo entre en nuestro pensamiento información positiva. Es vital para disfrutar de un hermoso jardín.

No os quepa duda, amigos, para ser constructivos y positivos, para llevar una vida feliz y enriquecer nuestra existencia con la creatividad, es muy claro lo que debemos hacer por sistema —aunque tengamos algún que otro fallo—: huir del valle de las excusas.

 

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