El primer paso - El primer paso

Nada es imposible
para un corazón dispuesto.
-John Heywood- 

Siddhartha Gautama, más conocido como Buda, no dejó nada por escrito, pero sus discípulos memorizaron muchas de sus enseñanzas y las transmitieron oralmente de generación en generación. Las principales enseñanzas de Buda (Cuatro nobles verdades), se pueden sintetizar así:

  • La vida humana es intrínsecamente desdichada.
  • La causa de esa infelicidad radica en el egoísmo y el deseo humano.
  • Al egoísmo y al deseo del individuo puede ponérseles fin.
  • El método para superar el egoísmo implica practicar la óctuple senda.

Lo que se llama el Noble Sendero Óctuple, marca las ocho etapas de la liberación: visión correcta, pensamiento correcto, medio de vida correcto, esfuerzo correcto, conciencia del momento correcta, meditación correcta.
Es indudable que esta conciencia de lo correcto y este desasirse de las negatividades personales, pueden contribuir, en gran medida, a crear un mundo acogedor, servicial y entrañable.

Una forma eficaz de lograr un mundo mejor es que cada uno de nosotros mejoremos, y esta mejora comienza con un primer paso. Si optamos por aplicar, poco a poco, los detalles que contribuyen a hacer la vida más dulce, más armoniosa, próspera, saludable y acogedora, nuestro entorno cogerá ese color, los problemas se relativizarán y el modo natural de actuar será pensando en el beneficio de todos.

Los motivos personales son siempre una buena guía. Si nuestras intenciones son limpias, de ellas debería brotar el bien, porque las ideas positivas tienen efecto llamada y, al practicarlas, se expanden y crecen contagiando a los que nos rodean.
Todo ser humano tiene una brújula innata que le marca el rumbo: la conciencia (la conciencia recta, claro). Pensando y actuando siempre en la buena dirección, podemos empezar a transformar nuestro mundo, diciéndonos convencidos: he de echarle una mano a la vida, y dejar de pensar que los demás son los que tienen que cambiar las cosas en nuestro entorno.

No hay que olvidar que todos y cada uno de nosotros tenemos el poder interior de cultivar la salud, la felicidad y la serenidad, porque somos capaces de reeducar nuestros cuerpos y nuestras mentes.
Eso sí, no podemos bajar el listón, pues como dice certeramente Miguel Ángel Buonarroti: El mayor de los peligros para la mayoría de nosotros no es que nuestro objetivo sea demasiado alto y no lo alcancemos, sino que sea demasiado bajo y lo logremos.

Es indudable que un viaje de miles de kilómetros empieza cuando nos animamos a dar el primer paso. Y, luego, mantenemos el ritmo.

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