El kaizen e1546595912749 - El Kaizen

Un hombre no está acabado cuando cae,
sino cuando deja de levantarse.
-Ramón Ollé- 

La palabra kaizen consta de dos partes: kai ─cambio─ y zen ─beneficioso─, se refiere a cualquier cambio a mejor, ya sea grande o pequeño, puntual o continuo, de forma similar a la palabra «mejora» en español.
Fue por los años cincuenta, durante la posguerra mundial, cuando los norteamericanos W. Edward Deming y Joseph M. Juran impartieron lecciones sobre métodos de trabajo a la industria civil japonesa.

Es un proceso de mejora continua basado en acciones concretas, simples y poco onerosas, y que implica a todos los trabajadores de una empresa, desde los directivos hasta los trabajadores de base. Como implica un cambio de actitud en el trabajador y también en la empresa.

Se logró una especie de simbiosis entre la tendencia innata a la superación de los japoneses y la inteligencia racional de los occidentales. Así nació el kaizen: la mejora continua. Una filosofía para mejorar cada día un poco más mediante un objetivo sencillo: no debe pasar ni un día sin que algo mejore en tu entorno personal, profesional y social.

Aunque el nacimiento originario fue en la empresa para aumentar el control de la calidad de producción persiguiendo la excelencia, esta filosofía de mejora continua se puede aplicar a todos los ámbitos de nuestra vida, teniendo en cuenta su sentido práctico: no basta con desear lo mejor, es necesario actuar.

El kaizen no es un refugio para evadirse de los problemas habituales, sino una técnica para aprender a desprenderse de un hábito perjudicial y sustituirlo por otro efectivo que mejore nuestras vidas.

Con constancia y, poco a poco, podemos modelar nuestra manera de pensar reconduciéndola a objetivos constructivos alcanzables, logrando así elevar nuestra calidad de vida a base de pequeñas, pero eficaces, modificaciones.
Las acciones pequeñas cuestan muy poco tiempo o dinero y resultan agradables, incluso para aquellos que no disponen de mucha fuerza de voluntad. Las acciones pequeñas son como triquiñuelas que engañan al cerebro para que piense: ¡Oye!, este cambio es tan minúsculo que no me costará. No corro ningún riesgo de fracasar ni de sufrir.

Hay personas admirables a las que los años les han ido llenando la cabeza de canas y la cara de arrugas, pero su espíritu, inquieto y emprendedor, está terso y juvenil, porque han sabido practicar la mejora continua en la búsqueda de la excelencia, sin desanimarse por los fracasos, porque viven el cambio beneficioso: el kaizen.

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