De par en par 2 e1564139369766 - De par en par

Lo usual es que alguien amable
genere amabilidad y buena voluntad
a su alrededor.
-Edith Sánchez-

La periodista Pilar Urbano hizo una entrevista a Javier Echevarría, para la revista Época, el 20 de abril de 1994, pocos días antes de su elección como prelado del Opus Dei.

Pilar Urbano: Circula ya un cliché prefabricado sobre usted, como hombre riguroso, exigente, duro, criado a la sombra de Escrivá…
Don Javier: Yo estoy muy orgulloso de haberme «criado» cerca de monseñor Escrivá. ¡Más me habría gustado aprender de él! Y lo que me enseñó siempre fue a dilatar mi corazón de sacerdote. A tener los brazos abiertos a todo el mundo, vinieran de donde vinieran, y vinieran como vinieran: aunque se presentase como mis enemigos mortales. A cualquier hora, en cualquier lugar y circunstancias, tener el corazón de par en par, para quien me necesite.

En una sociedad tan individualizada, cada día tiene más valor el saber crear un ambiente acogedor, receptivo, bañado de naturalidad y alejado de la fastidiosa afectación. Se trata de potenciar la proyección afectiva del corazón teniendo en cuenta la corta distancia que hay entre parecer y ser.
Cuando se es de veras algo, brota naturalmente al exterior aquello que se es. De ahí que lo importante es la naturalidad interior en el cultivo del mundo de nuestros valores donde se forjan los sentimientos, las intenciones, los proyectos.

Es en el interior donde la persona es verdaderamente fecunda, grande o esmirriada, rumbosa o mísera, magnífica o ruin. Todo nace de la abundancia o estrechez del corazón, allí toma asiento la dicha o la infelicidad.
Si nuestro interior es sano, las palabras y los gestos brotarán con naturalidad, sin estridencia ni afectación, y eso genera confianza en los que se nos acercan, porque intuyen facilidad para abrir sus inquietudes.
En nuestros días, más que dinero, más que triunfo y salud, los demás esperan de nosotros comprensión, bondad, empatía, tiempo de acogida. Los de arriba, los de abajo y los del medio. Todos esperan una acogida sonriente, serena, cálida y desinteresada.

Pero ¡ojo!, acoger no significa «mirar para otro lado», no corregir, «hacer la vista gorda», dejar de ejercer —si se tiene— la autoridad. No, acoger es distinguir las acciones de las personas, y hay acciones que se deben corregir e, incluso, eliminar; pero con las personas, siempre hay que acoger, hay que tener el corazón de par en par, para quien me necesite.

 

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