Un sueño no se hace realidad
por medio de la magia:
conlleva sudor, determinación y duro trabajo.
-Colin Powell-

Napoleon Hill (1883-1970) fue un escritor estadounidense. Es considerado el autor de autoayuda y superación más prestigioso del mundo. Fue asesor de varios presidentes de Estados Unidos. Autor de superventas como Piense y hágase rico, nació y se crio en una cabaña de troncos de una sola habitación en las montañas del Suroeste de Virginia. Cuando tenía 10 años, murió su madre; un año después su padre llevó a casa a su nueva esposa. Cuenta Hill:

Mi padre nos la presentó a la familia. Cuando llegó mi turno dijo: «Martha, este es tu hijo Napoleon, el niño más travieso del condado de Wise. No me sorprendería que mañana empezara a tirarte piedras». Toda la familia estalló en carcajadas.
Mi madrastra se me acercó, puso la mano bajo mi barbilla y me alzó la cabeza, a fin de poder mirarme directamente a la cara, a mi hosca cara. «Te equivocas en lo relativo a este muchacho. No es el niño más travieso del condado de Wise; es un chaval listo que aún no ha aprendido a sacar el mejor partido a su sabiduría». 

Animado por su madrastra, el niño canjeó su rifle por una máquina de escribir. Ella le enseñó a escribir a máquina, a investigar y a expresar sus ideas por escrito. Cuando años más tarde, el doctor Napoleon Hill afirmaba en sus enseñanzas: Lo único sobre lo que el ser humano tiene completo control es su actitud mental; era su propia experiencia la que hablaba.
Cuando su madrastra consiguió sustituirle la idea de que era un niño malo, por la creencia de que era listo y podía hacer grandes cosas, ese día comenzó a germinar la semilla de la persona exitosa que estaba llamado a ser.

Los pensamientos, al igual que las semillas, germinan y florecen según su especie.  Nuestra mente es iluminada u oscurecida dependiendo del tipo de pensamiento que hayamos plantado en ella.
Los pensamientos positivos pueden producir resultados positivos, mientras que los pensamientos negativos pueden llevar a resultados negativos. ¿Pensamos con frecuencia que tenemos capacidad de predisponer nuestra mente para el éxito? Entendiendo por «éxito» vivir de forma agradable, humilde, ordenada, afectuosa y utilizar al cien por cien nuestros talentos para ayudar a los demás, además de conseguir nuestros objetivos personales.

Debemos ejercitar nuestra mente cultivando esquemas de pensamientos positivos que nos lleven a desarrollar una personalidad rica y profunda, que incremente nuestro potencial creador; porque poniendo los medios adecuados, antes o después, lo que piensas es lo que consigues.

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