constacia 1

El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso
sin perder el entusiasmo.
Winston Churchill-

 J.W. Ford, en su «Manual del Mejoramiento Diario», escribe:

─ Solo hay un modo seguro de dar una vez en el clavo: dar ciento en la herradura.
          Algunos tienen la buena estrella de dar en el clavo la primera vez. Pero si no es así, y no lo intentan una y otra vez y otra, hasta cuantas sean necesarias, se exponen a no dar en el clavo.
          Y tan absurdo es pararse a la segunda vez como a la que hace cincuenta. Se ha de dar siempre, aunque siempre se dé en la herradura, hasta que un día, felizmente, cuando menos se piense, se dará en el clavo.
          La proporción entre los golpes dados y los golpes acertados engaña: porque sólo los aciertos trascienden, y nadie sabe nada de los golpes que los triunfadores han dado en falso.

La constancia siempre paga. Hará falta emborronar muchas cuartillas para lograr el párrafo perfecto o la rima sonora; hará falta el diseño preciso y el apunte justo para lograr la obra artística; habrá que golpear muchas veces el mármol para sacar la escultura deseada; habrá que repetir muchas veces una acción positiva para convertirla en hábito, pero no debemos olvidar que la salud está en el ejercicio, tanto para el cuerpo como para el espíritu.
Hay que ser constantes y audaces, porque la timidez ante el esfuerzo no soluciona nada. Las dificultades, para lo bueno y para lo malo, salen al paso continuamente. Es ley de vida. La diferencia está en la actitud: UNOS se esconden y no avanzan; OTROS se enfrentan con lo difícil y encienden su estímulo.

Estos chocarán muchas veces contra el muro, pero avivan el entusiasmo en la tarea, y reviven la vida a cada instante. Adquieren ciencia y experiencia y, así, alejan la sombra de lo difícil o salvan el obstáculo rodeándolo o derribándolo.
La clave está en no dar cabida a ningún pensamiento tímido, cobarde o encogido, y dejarse llevar por las ideas creadoras. De nosotros depende sembrar la buena semilla en el alma; cultivarla tenazmente hasta que nuestra vida brille, llena de color y armonía, como un jardín en primavera.

¡Cuánto bien queda ahogado por la irresolución! ¡Cuánto buenos propósitos abortados por la inconstancia!

Me vais a perdonar, pero creo que abunda mucho el pecado de omisión. Ese pecado cometido por los que no hicieron ningún mal; nada más que el mal de no atreverse a hacer el bien que estaba a su alcance, ya que no arriesgaron nada, miraron la vida con miedo, arrastraron su existencia sin gloria porque después de dar 100 golpes en la herradura, les faltó la constancia del golpe 101, el que daba en el clavo.

 

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