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Aventurar la vida

By septiembre 23, 2014 noviembre 29th, 2014 No Comments

 

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No se nos otorgará la libertad externa más que
en la medida exacta en que hayamos sabido,
en un momento determinado,
desarrollar nuestra libertad interna.
-Mahatma Gandhi-

Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus caballerías, y volviéndose a Sancho le dijo:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

Para los hombres no ha cambiado mucho el valor de la libertad desde que Cervantes escribió esta frase y lo confirma, por ejemplo, una frase del Papa Benedicto XVI, con la que comienza una intervención suya cuando era cardenal: En la conciencia actual de la humanidad la libertad aparece en gran medida como el bien supremo por excelencia, al que se ordenan todos los demás.

¿Por qué se habla ahora tanto de libertad? ¿Será por lo del refrán: «Dime de qué presumes y te diré de qué te careces»? Hoy todos hablamos de liberarnos: las feministas hablan continuamente de la liberación de la mujer; los jóvenes exigen libertad total; nos manifestamos por la libertad, política, la libertad de información…

Pero, ¿ hablamos de la auténtica libertad que nos hace libre o de la libertad de la veleta que gira «libremente» al ritmo que le marcan los vientos?

Decía el filósofo, político y economista inglés, Jhon Stuart Mill, que la única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien por nuestro propio camino. Por eso, paradojas de la vida, la libertad empieza por someterse a una ley: la de seguir el camino que hemos elegido libremente. Salirse de ese camino – o no tenerlo- es carecer de los cimientos toda libertad verdadera. No se pueden poner las bases de la libertad sin sujetarse a las reglas que toda razón impone.

No hay libertad sin voluntad libremente asumida. La libertad no se regala, se construye cada día porque no hay libertad definitiva, de una vez por siempre. Cada día las cadenas que nos esclavizan: egoísmos, perezas, inconstancias, afán de poder…brotan y rebrotan como las malas hierbas en los caminos a nada que nos descuidemos.

Si, la libertad es cara y dolorosa y por eso, con frecuencia, la única libertad que ejercemos es la de elegir nuestra propia servidumbre y nos hacemos esclavos de nuestra comodidad, renunciando a una acreditada libertad que, aunque costosa, hace que una vida en libertad sea una aventura por la que merece la pena aventurar la vida.

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