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En lo más hondo de la personalidad humana
existe la necesidad de ser apreciado.
-William James-

Siempre me admiró la empatía que aquel director despertaba entre sus empleados. Un día, apoyándome en su confianza, me atreví a preguntarle.

 ─ Teniendo un cargo directivo, ¿cómo consigues esa complacencia afectuosa con los obreros?
─ Tengo un truco, sí. Me gusta visualizar a los empleados como esos hombres anuncio que llevan un cartel por delante y otro por detrás. En el cartel delantero yo me esfuerzo por leer: “Apréciame” y en el de la espalda procuro leer: “Hazme sentir importante”.

 La afabilidad, como uno de los actos del amor, puede expresarse independientemente de los sentimientos que uno tenga, porque el amor no es lo que uno siente por los demás, es más bien cómo se porta uno con los demás.

El científico, educador e inventor afroamericano, George Washington Carver (1864-1943), escribió sobre la afabilidad: Sed amables con los demás. Hasta dónde lleguéis en esta vida dependerá de cuán cariñosos seáis con los más jóvenes, cuán compasivos con los mayores, cuán comprensivos con los rivales, cuán tolerantes con los débiles y con los fuertes. Porque en esta vida, algún día habréis sido todos ellos.

Elogiar a la gente (no adular), felicitarla cuando hace algo bien, ir con la mano tendida en lugar de estar con la escopeta cargada para disparar al menor fallo genera buen ambiente, porque en cuanto empiezas a buscar la parte buena de los demás, a fijarte en lo que la gente hace bien, de repente empiezas a ver cosas positivas que antes nunca habías visto.
Para ser constructivos debemos tener muy presente que recibir elogios es una necesidad humana legítima y, por eso, es esencial para que las relaciones humanas funcionen.

Pero, ¡ojo!, no todo vale. Para que los elogios funcionen requieren dos condiciones: Una, ha de ser sincero; dos, tiene que ser concreto. Felicitar en general al estilo:  todo el mundo ha hecho un buen trabajo, no suele ser efectivo, incluso puede causar resentimiento, porque puede que no todo el mundo haya hecho un buen trabajo.
Es importante ser sinceros y concretos para reforzar, así, el buen comportamiento, porque el refuerzo produce repetición. Y la repetición crea el hábito que hace natural un determinado tipo de ambiente.

Recordad que, si bien no siempre uno puede elegir las circunstancias de su vida, sí puede elegir su actitud en esas circunstancias.
Es muy práctico y efectivo, os lo aseguro. Para mejorar nuestro entorno, basta con que, al encontrarnos con una persona, visualicemos un rótulo en su pecho: apréciame.l

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