andó 1 e1493372624730 - "Andó"

Valor es… levantarse cada mañana
para hacer que hoy sea mejor que ayer.
-Anónimo-

 Hace tiempo me contaron un chiste sobre la resurrección de Lázaro. Cristo se puso frente a la tumba de su amigo Lázaro y dijo:

Lázaro, ¡levántate y anda! Y Lázaro se levantó y «andó».
─Anduvo, tonto.
─Bueno, anduvo tonto dos o tres días, pero luego «andó».

 Cuántas veces después de levantarnos con el sacramento de la penitencia, volvemos a caer, y  necesitamos oír la voz del Señor que nos invita a volver a empezar: levántate y anda.
El papa Francisco en la explanada del santuario mariano de Caacupé (Paraguay,11 julio 2015) dijo: Venimos a presentar nuestras necesidades, venimos a agradecer, a pedir perdón y a volver a empezar.
Y en la audiencia del 10 agosto de 2016, afirmó: Dios nos quiere de pie, nos creó para estar de pie, y, cuando caemos, nos repite: «¡Levántate!».

Los cristianos somos impulsados continuamente a ser misericordiosos generando en nuestras vivencias cotidianas las obras de misericordia.
Desde los Padres de la Iglesia, durante el período del catecumenado, con la oración del Padre nuestro, se educaba a los cristianos a ser capaces de misericordia.
La invocación de la oración perdona nuestras ofensas, se enseñaba al catecúmeno a rezarla a diario con la confianza de que el hombre puede siempre dirigirse a Dios, porque Él, misericordia, está de parte de quien cae resucitándolo de generación en generación.

Los cristianos, por tanto, debemos ser educados en la posibilidad cotidiana de ser perdonados, de recibir un gesto de misericordia, de levantarnos.

En el no 1422 del Catecismo de la Iglesia católica, se dice que los que se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella los mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones (LG 11)

Y cuando nos levantamos, la nueva vida recibida no suprime la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado; pero la llamada de Cristo a la conversión sigue revitalizando la vida de los cristianos.
Volver a empezar, levantarse. No se trata de hacer de la misericordia entrada libre para «aquí todo vale y no pasa nada». Dios siempre perdona, pero requiere que, por nuestra parte, nos arrepintamos y nos propongamos hacer las cosas bien; si a pesar de eso fallamos, ahí está el Señor que, una y otra vez, siempre, nos animará a continuar con su sugerente: levántate y anda.

           Y aceptando su invitación, después de una buena confesión, nos sentiremos como Lázaro que, levantándose de la muerte, el pecado, «andó».

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