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Abortar a los 16

By noviembre 13, 2020 No Comments

Abortar a los 16 B  - Abortar a los 16

Cualquier país que acepta el aborto
no le está enseñando a su gente a amar,
sino a usar cualquier acto de violencia
para obtener lo que quiere.
Teresa de Calcuta-

La agitadora estudiantil, Irene Montero Gil, convertida en ministra de Igualdad en enero de 2020, en una entrevista de TV, defendía que las jóvenes de 16 años pudieran abortar sin conocimiento de sus padres y, para ello, se reformaría la ley del aborto.
Daba sonrojo escuchar la argumentación pueril y fatua de la ministra tratando de justificar la conversión del sexo en un vicio, aludiendo a esos derechos y libertades falsos y manidos.
Ni por equivocación aparecieron, en los argumentos de Irene, planteamientos que llevaran al conocimiento del sexo como un valor más para el enriquecimiento de la persona; la ignorante, fanática y sectaria ministra desconoce que una auténtica educación sexual debe llevar a suscitar a los jóvenes valores como:

  • La estima del propio cuerpo, el respeto del cuerpo de quien, en el futuro, se puede convertir en tu alter ego de por vida.
  • La valoración del acto sexual como manifestación sublime del amor-donación, en lugar de convertirlo en exponente egoísta con el único propósito de pasarme un rato más o menos agradable.
  • Amor abierto al fruto que de ese acto sexual puede salir: el hijo.
  • Desprecio del joven como capaz de autodominio, pero esclavo de las pasiones corporales. Irene lanzó el mensaje de que, ya que los jóvenes no son capaces de usar su cuerpo con dignidad, al menos que lo usen sin demasiados riesgos.

Para la incompetente, superficial, miope y sectaria ministra, la única educación de la afectividad que se le ocurre, y pretende imponer a todos — que es lo realmente grave― es difundir propuestas para evitar las consecuencias de un uso desordenado del sexo.
Educar es generar responsabilidades, hacernos responsables de nuestras acciones; el buscar tubos de escape a la irresponsabilidad no es educar; más bien se asemeja a otra cosa: corromper.

Pero, no, la ministra estaba a años luz de estos planteamientos; hablaba de una educación ―más propiamente habría que decir deseducación― sexual que, obviando todos los valores, empieza y termina dando posibles salidas a posibles riesgos y sin el más mínimo atisbo de respeto al otro como persona.

Cuando la miopía del fanatismo sectario es la referencia de actuación de una persona ―aunque sea ministra―, se llega al extremo de considerar un derecho lo que es una auténtica barbaridad: abortar a los 16.

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