{"id":9141,"date":"2015-04-16T19:05:45","date_gmt":"2015-04-16T17:05:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.arguments.es\/uncategorized\/la-oracion-en-el-huerto-duccio-de-buon-segna-1255\/"},"modified":"2015-04-16T19:05:45","modified_gmt":"2015-04-16T17:05:45","slug":"la-oracion-en-el-huerto-duccio-de-buon-segna-1255","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/catechesis-through-art\/la-oracion-en-el-huerto-duccio-de-buon-segna-1255\/","title":{"rendered":"La oraci\u00f3n en el huerto. Duccio di Buoninsegna"},"content":{"rendered":"<p><img src='<a href=\"https:\/\/www.arguments.es\/wp-content\/uploads\/arte\/2014\/03\/lamaestalaoracinenelhuelz1.jpg'\">https:\/\/www.arguments.es\/wp-content\/uploads\/arte\/2014\/03\/lamaestalaoracinenelhuelz1.jpg'<\/a> style='height:auto;max-width:500px;width:100%;display:block;margin:auto;object-fit:cover'><br \/>\n<strong>LA ORACI\u00d3N DE JES\u00daS EN EL HUERTO<\/strong>  Tras la cena, el Maestro hizo part\u00edcipes a sus disc\u00edpulos de su deseo de rezar. Mientras tanto, Judas se hab\u00eda extraviado en la noche de luna llena \u2013la primera luna de primavera era la fecha de la Pascua en el pueblo jud\u00edo\u2013, entre las sinuosas callejuelas de Jerusal\u00e9n, para buscar a aquellos que quer\u00edan perder a su Maestro. Supongo que se tapar\u00eda el rostro con el manto para no ser reconocido. Acaso caminar\u00eda cabizbajo y presuroso y sentir\u00eda el resquemor propio de la traici\u00f3n en su frente sudorosa.  Un lugar al que el Maestro sol\u00eda acudir a rezar con agrado era un huerto junto al peque\u00f1o torrente llamado del Cedr\u00f3n. A Jes\u00fas le invadi\u00f3 una enorme angustia, viendo que iba a ser traicionado por uno de sus allegados. A la luz de la luna cruzaron el tenebroso torrente, llegando a un olivar. Junto a la cerca se quedaron todos los disc\u00edpulos salvo Juan, Pedro y Santiago, que se internaron un poco m\u00e1s por expreso deseo de Jes\u00fas. Eso nos quiere indicar el fresco. Unos cuantos disc\u00edpulos dormitan en un lugar y los tres citados est\u00e1n junto al Se\u00f1or. El Maestro no quiere quedarse solo. Se escuchar\u00edan las primeras cigarras de la primavera y los sonidos del campo; alg\u00fan ladrido en alguna Villa Romana cercana. Jes\u00fas se pone a orar. Su oraci\u00f3n est\u00e1 embargada por la pena y el miedo. Oraba intensamente. Sus disc\u00edpulos no pudieron soportar la hora tard\u00eda, el templado ambiente y el aturdimiento del vino, qued\u00e1ndose dormidos (cfr. Mateo 26, 36 y ss.).  Entre tanto, Jes\u00fas persist\u00eda orando, previendo el momento cercano de su muerte. Su semblante y a\u00fan todo su cuerpo manifestaba inquietud, zozobra, temor ante el dolor futuro; pero, pese a un sudor que incluso rompi\u00f3 sus vasos capilares por la angustia, aceptaba la voluntad de Dios Padre, en medio de tant\u00edsima amargura. Se sent\u00eda en soledad, abandonado. Se acerc\u00f3 a sus disc\u00edpulos para que intercediesen ante Dios por \u00e9l. Estos pobres hombres estaban vencidos por la pena y el sue\u00f1o. No alcanzaban a comprender plenamente el por qu\u00e9 de tanta tristeza. Pero el Maestro se queja de que, atrapados por la somnolencia, le dejen solo en su angustia. El artista pinta con ingenuidad c\u00f3mo el Maestro va y viene \u2013en un prof\u00e9tico lenguaje cinematogr\u00e1fico\u2013 a ver a sus disc\u00edpulos, en los que, desgraciadamente, no encuentra consuelo. La narraci\u00f3n nos dice que un \u00e1ngel se apareci\u00f3 a su vera y le brind\u00f3 algo de sosiego. Dif\u00edcilmente un hombre puede sufrir tanto ante esa inmediata espera de tortura, traici\u00f3n, mentira, desprecio e injusticia. Pero se quiere insistir en que Jes\u00fas ama el querer de su padre Dios, al que en ese momento llam\u00f3, con amor fuerte pero a la vez pueril, \"abb\u00e1\", que en arameo significa, \"pap\u00e1\" (cfr. Marcos 14, 36).<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La oraci\u00f3n en el huerto (1255). Museo de la obra metropolitana. Siena, Italia.<\/p>","protected":false},"author":5,"featured_media":9142,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[56],"tags":[],"tipo_contenido":[],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9141"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9141"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9141\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9142"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9141"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9141"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9141"},{"taxonomy":"tipo_contenido","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tipo_contenido?post=9141"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}