{"id":4777,"date":"2021-12-24T13:13:12","date_gmt":"2021-12-24T12:13:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.arguments.es\/uncategorized\/la-simpatia-de-dios\/"},"modified":"2024-05-08T14:29:22","modified_gmt":"2024-05-08T12:29:22","slug":"la-simpatia-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.arguments.es\/en\/credo-y-fe-cristiana\/la-simpatia-de-dios\/","title":{"rendered":"La simpat\u00eda de Dios"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Despu\u00e9s del amor, la simpat\u00eda es <\/em><\/strong><strong><em>\u00a0la pasi\u00f3n divina del coraz\u00f3n humano. <\/em><\/strong><strong>-Edmund Burke-<\/strong> Cuentan las cr\u00f3nicas del lugar que mandaron a cierta parroquia a un di\u00e1cono para que echara una mano durante unos d\u00edas. A nuestro protagonista todo le sonaba a nuevo y hubo un detalle que le llam\u00f3 la atenci\u00f3n desde el primer d\u00eda. Observ\u00f3 que un viejecito pasaba horas sentado en uno de los \u00faltimos bancos de la iglesia; el hombre ten\u00eda una botella en una mano y un bocadillo en la otra. Nuestro di\u00e1cono se acerc\u00f3 al hombre y, lo m\u00e1s amablemente que pudo, le coment\u00f3 que la iglesia no era el sitio adecuado para comer un bocadillo y echar un trago, que hab\u00eda lugares mucho m\u00e1s apropiados para esos menesteres. No hubo la menor reacci\u00f3n. El viejecito, ausente, ni se movi\u00f3 ni hizo el m\u00e1s m\u00ednimo gesto. Insisti\u00f3 el di\u00e1cono varias veces, pero el hombre nada de nada. \u00a0Bastante enfadado el di\u00e1cono se dirigi\u00f3 a la sacrist\u00eda, donde estaba el p\u00e1rroco y, conteniendo la indignaci\u00f3n, inform\u00f3 al sacerdote, el cual, sonriendo, le dijo: <em>\u2014S\u00ed, ya, tranquilo, es David. Era un cat\u00f3lico practicante y comprometido, ten\u00eda un fant\u00e1stico empleo, una familia extraordinaria y un futuro brillante, pero tuvo un grave accidente con el coche, del cual sali\u00f3 con vida, pero perdi\u00f3 la memoria; desde aquel nefasto d\u00eda no sabe qui\u00e9n es ni reconoce a nadie; ni siquiera a su mujer y a sus hijos. Cogi\u00f3 la costumbre de venir a la iglesia y ah\u00ed se pasa las horas muertas todos los d\u00edas hasta que vienen a recogerlo y se lo llevan a casa.<\/em> El di\u00e1cono, ante semejante informaci\u00f3n, cambi\u00f3 de actitud hacia el viejecito y hasta le cay\u00f3 simp\u00e1tico. Lo observaba con inter\u00e9s y, de vez en cuando, lo ve\u00eda abrir los brazos en cruz y repetir algunas palabras que no lograba entender. El \u00faltimo d\u00eda de su estancia en la parroquia quiso despedirse de \u00e9l; se le acerc\u00f3, se sent\u00f3 a su lado y, rebosando cari\u00f1o, le dijo: \u2014<em>Adi\u00f3s, David. Pronto ser\u00e9 sacerdote. Si pudieras, me gustar\u00eda escucharte un consejo. \u00bfQu\u00e9 deber\u00eda ser el sacerdote? <\/em>Y, cuentan las cr\u00f3nicas del lugar que David mir\u00f3 fijamente a los ojos al di\u00e1cono y, sin pesta\u00f1ear, respondi\u00f3: \u2014<em>La simpat\u00eda de Dios.<\/em> <em>\u00bfSimpat\u00eda de Dios?<\/em> Jam\u00e1s el di\u00e1cono hab\u00eda o\u00eddo semejante definici\u00f3n del sacerdocio. Pues bien, para testimoniar nuestra fe en el d\u00eda a d\u00eda, os propongo este sencillo y eficaz apostolado: esforzarnos en ser <em>la simpat\u00eda de Dios.<\/em> \u00a0<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s del amor, la simpat\u00eda es \u00a0la pasi\u00f3n divina del coraz\u00f3n humano. -Edmund Burke- Cuentan las cr\u00f3nicas del lugar que mandaron a cierta parroquia a un di\u00e1cono para que echara una mano durante unos d\u00edas. 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