El pasado fin de semana, del 24 al 26 de abril, tuvo lugar el XXI Congreso Nacional Provida en Pamplona, España. Puede que no hayas ido porque estabas ocupado, no podías o, simplemente, no querías. No pasa nada, te voy a contar las impresiones con las que me he quedado. Te resumo en 5 ideas lo que he aprendido y lo que más me ha gustado de este congreso.

1. Humanos desde el inicio

Más allá de ser provida o estar en contra del aborto (que está muy bien), tenemos que entender que estamos hablando de personas. Como tú y como yo. Personas que desde que se conciben, tienen un ADN propio y único que es reconocido incluso por el cuerpo de la madre.  ¿Fuimos dos células alguna vez? Sí, y humanos también. Pero por algún lugar se empieza siempre.

El embrión no es un injerto. Tiene su propia vida, es autónomo. Necesita la ayuda de la madre para sobrevivir en sus primeros momentos, porque es entonces muy vulnerable, pero incluso en un medio hostil, por ejemplo un laboratorio que intenta recrear condiciones de vientre materno, se sigue desarrollando.

Desde la fecundación, nuestro cuerpo no cambia sustancialmente. No hay momento en el que puedes decir «antes no era un ser humano y ahora sí». Es verdad que en los primeros momentos necesitamos ayuda para sobrevivir. Pero porque necesitemos más ayuda esto no nos hace menos humanos.

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Marta, nuestra directora de Cultura de la vida, comparte su testimonio. Foto: Matt-Kolf Fotografía.

2. Dejamos huella en el cuerpo de nuestra madre

Además de una marca física, visible del embarazo, la madre, dentro de ella, guarda recuerdo de cada embarazo.  Durante este, el hijo manda células madre al cuerpo de su madre. Estas células sirven en caso de que se necesiten reponer sus células en caso de alguna herida. La madre tiene su propio «depósito» de células, pero el hijo la refuerza con las suyas. Son como células de repuesto. Este es el primer regalo que el hijo hace a su madre.

Además, durante los primeros meses del embarazo,  se reduce el estrés (la secreción de cortizol) en el cuerpo de la mujer para proteger al embrión. Y se almacena oxitocina. Esto fortalece el vínculo entre la mujer y el niño.

Por esto surgió el tema de los vientres de alquiler. Qué duro debe ser para la mujer que ha alquilado su vientre, pues esto –en cierto sentido– la convierte en madre y significa que ya ha establecido un vínculo con el bebé, aunque luego ella no siga con él.

3. ¿Qué pasa si la mujer o el bebe están enfermos en el momento del embarazo?

Este tema se trató en el congreso y fue muy esperanzador.  Se contaron muchos casos de mujeres que estaban embarazadas mientras tenían alguna enfermedad grave y sin embargo, pudieron tener a su bebé. La medicina ha avanzado tanto que ya no es necesario el aborto para salvar a la madre y poder tratarla, en la gran mayoría de los casos.

También se trató el tema de el diagnóstico prenatal como algo que se debería ofrecer a todos. ¿Qué pasa si se detecta una enfermedad en el feto? Se planteó en el congreso el diagnóstico prenatal como modo de tratar al bebé de igual manera como se trata a la madre: como un paciente. Hay la posibilidad ahora de hacer cirugías al feto, y se ha comprobado que es más efectivo en la mayoría de los casos que la cirugía después del nacimiento.

4. Hay mucha desinformación

En el congreso hablaban de gente que estaba muy confundida, pues les habían informado mal. Por ejemplo en el caso de las personas que optan por una operación para «cambiar» de sexo. Esas personas, muchas veces, pueden pensar que van a ser personas del sexo contrario, cuando la verdad es que el cambio ayuda a parecer que son del sexo contrario, aunque, en realidad, sus miembros no funcionan como los de una persona que no ha tenido la operación. Sin embargo, esas personas no serán fértiles después de eso y sus cromosomas siguen diciendo lo que son.

Otra cosa que me sorprendió fueron las estadísticas que mostraban cuántos niños habían ido a clínicas o al psicólogo diciendo que se sienten del sexo contrario. Sin embargo, después de años, en el 75% de los niños esa tendencia desaparecía. Si muchos padres supieran esa cifra, tal vez esperarían unos años antes de empezar a inyectarles hormonas o realizarles una operación de cambio de sexo a tan temprana edad.

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Asistentes del Congreso Nacional Provida. Foto: Matt-Kolf Fotografía.

5. ¿De qué cultura te gustaría estar rodeado?

Después de haber asistido a este congreso, me doy cuenta que la cultura de la vida es algo por lo que es necesario apostar. Es una cultura que tiene a la persona en su centro.  A la persona en todos los estados de su vida, sirva a la sociedad o no. Haya nacido, o no.

Se trata, en definitiva, de ver a cada persona como única, irrepetible y que vale la pena luchar por ella. Es una cultura que, como respeta al ser humano, le enseña sobre el verdadero amor y el compromiso, porque, como dijo Jesús Poveda en el congreso, está muy bien tener una Estatua de la Libertad, pero debería haber también una Estatua de la Responsabilidad. Una cultura que reconoce que hay que proteger a la familia y a los niños, porque son el futuro. Esta cultura se preocupan por la gente.

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