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Jérôme Lejeune nació en París un 13 de junio 1926. Cursó sus estudios de medicina en la Universidad de París así como los de genética en la Sorbona. Doctor en medicina y ciencias, tras dedicarse durante diez años a la investigación, fue designado profesor de genética fundamental en la Facultad de Medicina de París. Su campo de especialidad eran los niños, todas las enfermedades constitucionales, pero de manera más especial las que afectaban a sus capacidades mentales e intelectuales.

Su andadura académica comenzó en el Instituto Tecnológico de California en el año 1958. En julio de ese mismo año y teniendo tan sólo 32 años, descubre la primera enfermedad cromosómica del hombre, el Síndrome de Down. Descubrió la existencia de un cromosoma extra en el par 21. Debido a este descubrimiento histórico, recibió el premio Kennedy de manos del propio presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, así como también recibió el Premio Memorial William Allen, que es la recompensa más alta que se puede recibir en genética en el mundo. Fue miembro de numerosas academias científicas y continuó aportando logros significativos a la ciencia con sus investigaciones en el campo de la genética humana.

El Dr. Lejeune no sólo tenía una altísima categoría como científico, también era un ser humano excepcional. Tras el descubrimiento del Síndrome de Down, dedicó buena parte de su trabajo y esfuerzos a devolverles la dignidad que buena parte de la comunidad médica les denegaba. El Dr. Lejeune siempre insistió en la defensa firme de esos niños enfermos así como también de los no nacidos, llegando incluso a perder prestigio entre sus colegas de profesión por posicionarse de forma negativa ante la práctica del aborto, muchos de sus colegas de gremio pensaron que la mejor forma de eliminar el Síndrome era eliminar al enfermo. Él era un hombre de firmes convicciones amparadas por la razón, y estas convicciones le llevaron a enfrentarse a numerosas instituciones proabortistas y que hacían gala del más repugnante racismo genético. Hacia finales de los 60 y principios de los 70, y teniendo como origen la revolución sexual de mayo del 68, comenzó a avanzar por el mundo una corriente proabortista que salpicaba a numerosos estamentos de la sociedad, incluido el científico. Ante esta corriente, es conocida la historia que protagonizó Jerome Lejeune: En 1971 realizó un discurso en el National Institute for Health y después de esto mandó un mensaje a su esposa en que dijo: «hoy perdí mi Premio Nobel». En el discurso se refirió al aborto diciendo: «Ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte».

Como vemos, Jérôme Lejeune fue todo un ejemplo de difusor de la Cultura de la Vida, defendió la dignidad del ser humano desde la razón y contribuyó enormemente con su testimonio vital y sus investigaciones a la mejora de calidad de vida de las personas que tienen un cromosoma extra en el par 21. Y como su sueño era poder curar el Síndrome de Down, creó una fundación que a día de hoy sigue dedicando todos sus esfuerzos a la investigación y tratamiento no sólo del síndrome Down sino también de otros síndromes de enfermedades mentales de origen genético, la «Fondation Jérôme Lejeune».

Ya que hoy día 21 de marzo es el Día Internacional del Síndrome de Down, desde el proyecto Cultura de la Vida de Arguments, no queríamos dejar pasar la oportunidad de rendir nuestro humilde homenaje a este gran científico y ser humano que tanto trabajó a favor de la dignidad humana y la cultura de la vida.

Os dejamos unas breves citas del Dr. Lejeune como conclusión, para que podáis entender mejor el pensamiento de este padre de la genética moderna.

“La vida comienza en el momento en que toda la información necesaria y suficiente se encuentra reunida para definir un nuevo ser. Comienza, por tanto, exactamente en el momento en el que toda la información aportada por el espermatozoide se une a la aportada por el óvulo. Desde la penetración del espermatozoide se encuentra constituida una realidad nueva. No es un hombre teórico, sino que es ya quien más tarde llamaremos Pedro, Pablo o Magdalena.»

“Aceptar el hecho de que después de la fecundación un nuevo ser humano ha venido a la existencia ya no es una cuestión de gusto o de opinión”.

“Se podría imaginar, ciertamente, una sociedad tecnocrática en la que se matara a los viejos y a los deficientes, y donde se acabara con los heridos del camino. Esta sociedad sería quizá económicamente eficaz. Pero esta sociedad sería inhumana. Estaría pervertida por un racismo tan tonto y tan abominable como los otros, el racismo de los sanos contra los enfermos”.

“Ante la enormidad de la tarea y la formidable necesidad de tener éxito, nuestro deber se resumen en una frase: ¡”No abandonaremos jamás!”.

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  • […] Sin temor ni temblor, el profesor Lejeune expuso sus argumentos de oposición al aborto, y como defensor y apasionado por la vida, elevó la siguiente frase que le costó perder el Premio Nobel al que aspiraba, cuando en medio de un discurso realizado en el National Institute for Health, expresó estas fuertes palabras: «Ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte»4 […]

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