«Siento tanto haberte pedido que acabaras con la vida de Emeri». Estas palabras que un padre dijo a su hija en el banquete para el Hope Pregnancy Center  of Boone en Carolina del Norte, tan francas y tan brutalmente honestas, resonaron en el corazón de todos los presentes, incluyendo el mío.
Mientras escuchaba los poderosos testimonios de David ( padre de Leslee y abuelo de Emeri) y de Leslee, no pude evitar pensar cuántos padres y madres podían sentirse interpelados. ¿Cuántos hombre y mujeres, padres de aquellos que se enfrentan a un embarazo no deseado, se han encontrado en los zapatos de David? ¿Cuántos hombres y mujeres no han tenido la oportunidad de estar en esos zapatos, los zapatos en los que tienen la oportunidad de compartir con sus hijos que sienten lo que en un inicio les exigieron, o incluso obligaron a hacer, hasta que fue demasiado tarde y el aborto estaba hecho?
¿Cuántos deben todavía ponerse en esos zapatos, los zapatos apologéticos, sin siquiera darse cuenta de su necesidad de decir que sienten sus acciones, o su falta de acción, sus palabras o su falta de ellas, cuando sus hijos se enfrentaron con un embarazo no deseado?
Si hemos perdido 56 millones de vidas por el aborto en los últimos cuarenta años, entonces hay cientos de millones de padres como David, padres de hombres y mujeres que han sido afectados por los embarazos no deseados y por el aborto, y abuelos de niños abortados o que eran objetivo de un aborto. ¿Todavía puede sorprendernos que seamos una nación doliente cuando tantos de nosotros hemos sido afectados?
Sin embargo, no fueron solamente las palabras de David  para Leslee, que estaba a su lado esa noche cuando abiertamente y con lágrimas en los ojos compartieron su viaje a través de un embarazo no deseado siento estudiante de la universidad, lo que hizo resonar el poder de la coerción en manos de los padre y golpeó mi corazón.
Fue ver a su familia, David y su esposa, Leslee y su hermana, y darme cuenta de que a pesar de sus dificultades al afrontar el embarazo de Leslee, habían sido tocados para siempre y se habían unido de una manera muy poderosa y bella. Verlos derramar tanto lágrimas de dolor, por la respuesta inicial de David ante el embarazo de Leslee y por cómo esto casi destroza a su familia, y lágrimas de alegría por la vida de Emeri y por cómo esto los ha hecho más fuertes, como individuos y como familia. Me di cuenta de que son una familia que está en un extremo del espectro del aborto/embarazo no deseado, mientras que mi familia biológica, cambiada para siempre en maneras devastadoras (aunque estamos trabajando en unirnos a través de Dios de una manera poderosa y bella también) está completamente en el otro extremo del espectro.
Se hable de ello o no, el aborto cambia a las familias. Sí, tener un hijo también cambia a las familias. Cualquier padre, abuelo o hermano puede decirte esto, y nueve de cada diez veces, te dirán lo bendecidos que se sienten por esa vida,
Sin embargo, donde la familia de Leslee ha encontrado un aumento de amor, fuerza y propósito al enfrentarse a su embarazo no deseado y al aceptar a Emeri, a mi familia biológica le ha acarreado sufrimiento, secretos y mentiras después de que mi abuela materna forzara a mi madre a abortarme, y que mi supervivencia haya sido mantenida oculta para ella.
Sí, han leído bien. Mi supervivencia fue mantenida oculta. No me he enterado hasta hace poco de esto, y es enormemente doloroso y difícil de enfrentar, incluso de mencionar, como pueden imaginarse. Comparto esto no para repartir culpas, sino para reflejar la magnitud del sufrimiento, secretos y mentiras que han embargado a mi familia por décadas.
Al ver a Leslee y a su familia esa noche, no pude evitar pensar en qué tan diferente pudo haber sido mi vida, la de mi madre biológica y la de mis padres, la de mis abuelos maternos y paternos, las vidas de mis tíos y tías, de mis primos y hermanastros, si tan sólo mis abuelos maternos se hubieran puesto los zapatos de David, zapatos incómodos e inseguros de lo que el futuro les deparaba a Leslee, a Emeri y a todos ellos, pero confiados en que al final, todo saldría bien.
Si tan sólo hubiese dejado a mis abuelos paternos saber que podían ponerse esos zapatos, tan incómodos como parecían al principio, en lugar de mantener el aborto, mi supervivencia y mi adopción, como un secreto. Sé que la historia de mi vida se sale de lo común en términos de intensidad, pero me pregunto: ¿Cuántas personas como yo, afectadas por un embarazo no deseado y un aborto, desean que sus padres o sus abuelos se hubieran probado esos zapatos en lugar de simplemente apartarlos?
He aprendido a aceptar y a acoger los zapatos disparejos que llevo en el mundo como una sobreviviente del aborto y como adoptada. He aprendido a apreciar que a pesar de que mis abuelos maternos se negaron a probarse esos zapatos de comprensión y me dejaron con mis a zapatos disparejos, estos son los zapatos que Dios me ha dado a llevar, y con su ayuda, puedo ayudar a otras familias, a otros padres como David, a tener la oportunidad de probarse un padre zapatos diferentes, zapatos de comprensión, de respeto a la vida de confianza en lo desconocido y de apoyo y empiedra miento de la mujer y el hombre que se enfrentan a un embarazo no deseado.
David, gracias por usar tus zapatos de apoyo, tus zapatos de humildad y de gracia. No me cabe duda de que tu coraje al compartir la historia de tu familia ayudará a otros padres a hacer lo mismo. Gracias a todos los padres y abuelos que están dispuestos a probarse esos zapatos cuando se enfrenten a un embarazo no deseado en sus familias.
Gracias al Hope Pregnancy Center y a los centros de embarazo en todo el mundo que ayudan a los padres y a otros a probarse los zapatos de David. Y por último, pero ciertamente no por ello menos importante, gracias a Dios por mis zapatos disparejos y por permitir a mi familia biológica la oportunidad de probar un nuevo par de zapatos, después de décadas de llevar unos que no eran los suyos.
Publicado por Melissa Ohden en LifeNews.com
Traducción por Carmen Camey
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