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En la actualidad, no son pocos los que asocian la defensa del no nacido con personas de avanzada edad, la Iglesia, o el conservadurismo más radical. Sin embargo, aunque a algunos les pueda sonar extraño, es una causa defendida por gente de muy diversas edades, razas, sexos, creencias e ideologías. En EE.UU, por ejemplo, existen movimientos tan variopintos como “Feministas por la vida”, “LGBT Life Alliance”, “Anglicanos por la Vida”, “Provida Secular” o “Estudiantes por la Vida”, entre otros.

También son muchas las personas no creyentes comprometidas con la defensa del nasciturus, pues ésta no es una causa necesariamente relacionada con la religión. La joven estadounidense, Kelsey Hazzard, es un ejemplo de ello. En el año 2009 fundó Secular ProLife (SPL), una asociación de ateos y agnósticos que defiende la vida de los niños en el seno materno. La organización se creó con el propósito de acercar el movimiento provida a personas no creyentes y, así, “conseguir un mundo en el que el aborto sea impensable para las personas de todas las creencias”.

Hazzard ha señalado en más de una ocasión que el mejor modo de acercar el mensaje de la defensa del no nacido a personas ateas es a través de la biología y la apelación a los derechos humanos: “La historia muestra que, en muchas ocasiones, algunos seres humanos no eran considerados legalmente como personas (…) ¿Qué criterios podemos establecer para evitar que algo así vuelva a ocurrir? Los Derechos Humanos son para todos”.

Y es que la defensa del no nacido y de las madres que encuentran en el aborto su única salida, no está reñida con las creencias de ninguna persona.

 

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