Joven niña con Síndrome de DownMaría M. Orbegozo.- Hoy, 21 de marzo, se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down. Como cada año, son muchos los que lanzan consignas a favor de la integración de las personas con discapacidad y el derecho a la igualdad de todos los seres humanos, con independencia del número de genes que posean.

Resulta paradójico que, en una sociedad en la que el nacimiento de niños con Síndrome de Down se ha reducido en un 95% en los últimos años a causa del aborto eugenésico, nos acordemos, durante un día, de los que tuvieron la suerte de nacer. Porque hoy, desgraciadamente, la vida es una cuestión de suerte para las personas con trisomía 21, la alteración genética que provoca el Síndrome de Down.

El avance de la ciencia ha hecho posible que las madres gestantes puedan someterse –no sin ciertos riesgos, tanto para ellas como para los nasciturus– a la prueba de la amniocentesis, para detectar posibles cromosomopatías. En la mayoría de los casos, estas pruebas derivan en aborto, ya que uno de los supuestos por los que se permite la interrupción del embarazo en países como España es el de malformaciones en el feto. Un alegato que, sin duda, discrimina a las personas por su condición. Personas a las que, cada 21 de marzo, se quiere recordar.

Vivimos en una sociedad contradictoria, en la que tendemos a conmemorarlo todo y no comprometernos con nada. Como cada año, hoy celebraremos el Día Mundial del Síndrome de Down. Los 364 días restantes, intentemos no olvidar a los cientos de niños que son privados, cada día, del derecho a la vida, solo por tener 21 motivos para vivir.

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