Hoy a las 13h, hora de Roma, por petición del Papa Francisco, hemos tenido la oportunidad de rezar un minuto por la pazComo lo explican en Aciprensa, se trata de una iniciativa que busca, a través de la oración, que haya un diálogo fructífero entre cristianos, judíos y musulmanes, recordando el encuentro que tuvo el Papa Francisco con los presidentes de Israel y Palestina el 8 de junio de 2014. ¿Qué fruto se espera de ese diálogo? La paz.

La paz no es irenismo

En un mundo marcado por las guerras -el propio Francisco ha dicho en varias ocasiones que vivimos en una Tercera Guerra Mundial a trozos-, los cristianos estamos llamados a ser promotores de paz.

Ahora bien, esta búsqueda de paz no debe confundirse con una actitud irenista (Humani generis, 7), aquella que busca eliminar toda identidad (entre ellas, la cristiana), puesto que considera que la variedad de identidades es fuente de conflictos. La visión irenista tiene una concepción pobre de la paz: se cree que la paz es uniformidad, ausencia de diferencias.

Algunos agentes de la sociedad actual tienden a considerar la religión como factor de conflicto. No solo procuran relegarla del ámbito público, sino también de la conciencia personal. Ciertamente, hoy en día no son pocos los ejemplos de quienes movidos por razones religiosas -o así sostienen- perturban el orden público. No obstante, también es verdad que iniciativas como Un minuto por la paz demuestran que no son pocos los que movidos por creencias religiosas procuran la paz en el mundo.

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San Juan XXIII fue un gran promotor de la paz

La Iglesia y la paz

La paz está presente desde los inicios de la Iglesia. Jesús mismo, antes de morir, la concedió a los discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo» (Jn 14, 27).

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dedica un capítulo completo, el número 11, al tema de la paz. En una primera parte, trata la algunos aspectos bíblicos de la paz (488-493). Después, explica cómo la paz requiere un orden de justicia y caridad (494-496). En tercer lugar, trata sobre la guerra, en tanto que fracaso de la paz. Se tocan temas interesantísimos como la legítima defensa (500-501); el deber de proteger a los inocentes (504-506); el desarme (508-512); y se condena el terrorismo (513-515). Por último, recuerda que la promoción de la paz es «parte integrante» de la misión de la Iglesia, en tanto que esta prosigue la obra redentora de Cristo sobre la tierra (516-520).

En este documento tenemos las bases para comprender la paz que necesita el mundo. Campañas como Un minuto para la paz son un buen momento para recordarlo y animarnos a leerlo.

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