Que la prensa hable de santos es fantástico. Más aún para hacerse eco de una realidad positiva; por ejemplo, que los hombres santos pueden tener una amistad sincera con una mujer, sin que pase nada “raro”. Se ha hecho viral un reportaje de la BBC que revela la “intensa amistad” que tenía San Juan Pablo II con una filósofa polaca casada.

A primera vista, parece que la noticia se ha difundido con afán sensacionalista: manchar la buena imagen que tenemos de San Juan Pablo. Nuestra intención no es juzgar el trabajo periodístico de la BBC. Tan solo buscamos hacer caer en la cuenta de que, visto con frialdad, podemos sacar más bien que mal de este reportaje.

El artículo de la BBC hace referencia a unas cartas manuscritas de San Juan Pablo II que revelan la relación de amistad íntima entre el Papa y su amiga, Anna-Teresa Tymieniecka. Sin embargo, la BBC avisa que “no hay en ellas evidencias de que el Sumo Pontífice rompiera el voto de celibato”.

La Biblioteca Nacional de Polonia, que tiene en su poder la correspondencia entre el Papa y Tymieniciecka, ha publicado hoy mismo una declaración oficial en la que aclara que no hay en las misivas ninguna sugerencia de relación amorosa entre los dos, según informa Aciprensa. De acuerdo con este mismo medio, la Biblioteca advierte que el contenido que aparece en los medios no se fundamenta en lo que aparece en las cartas.

Por lo tanto, en los mismos medios se admite que esa relación de amistad “intensa” no condujo a ningún pecado contra la castidad. Si acaso, queda una sugerencia maliciosa. A muchos les parece increíble que, si eres hombre, puedas tener una relación de amistad con una chica sin que termines acostándote con ella. En este sentido se expresaba George Weigel, biógrafo de san Juan Pablo II, al declarar -según Catholic Herald– que solo aquellos que imaginan el celibato como una forma rara y retorcida de ser soltero encontrarían raro que un obispo tuviera amistad con una mujer, incluso aquella clase de amistad en que emociones e ideas son expresadas por correspondencia.

¿Es realmente posible amistad entre hombre y mujer?

Sí. Xiskya Valladares, religiosa de Pureza de María, recoge en su artículo Amigos de sexo opuesto algunas ideas que lo confirman: “La amistad entre personas de sexo opuesto es posible y buena. Y muy real en tantísimas personas”. Basada en el libro Amigos en el Señor, Valladares menciona varias amistades entre santos y santas: San Francisco y Santa Clara de Asís, Santa Juana de Chantal y San Francisco de Sales, Santa Teresa y San Juan de Ávila… no parece que su amistad les haya privado de ser santos.

Así, no es razonable dudar de la santidad del Papa polaco porque ahora revelen unas cartas íntimas suyas con una amiga. El mismo autor del artículo de la BBC señala que no ha encontrado nada que podría ser un obstáculo contra su canonización.

De esta manera, los medios nos han hecho un favor: recordarnos que la amistad entre hombre y mujer puede ser santificada. Como recuerdan numerosos artículos en la Web, San Juan Pablo II tuvo más amigas que Tymieniecka. Entre ellas, Wanda Poltawska, que publicó un libro contando su relación con el Papa, Diario de una amistad (que te recomendamos leer). Catholic Herald recoge estas palabras de Weigel:

Como mi Testigo de esperanza demuestra, Karol Wojtyla tuvo correspondencia con mujeres que fueron sus amigas cuando era un sacerdote joven; así que el hecho de que tuvo una extensa correspondencia con Anna-Teresa Tymieniecka y Wanda Poltawska como obispo y como papa no es ninguna sorpresa. Como sé de mi propia correspondencia con él, Juan Pablo II usaba las cartas para pensar cosas, así que otra vez no hay sorpresa de que hiciera lo mismo con las cartas a Tymieniecka.

Concluye el propio Weigel: “Si estas cartas ayudan a algunos a entender que Karol Wojtyla, Juan Pablo II, fue una persona real, yo encantado; pero muchos de nosotros sabemos esto desde hace mucho tiempo”.

Por Lluís Vidal y Hernando Bello

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  • Renán E. Chaves dice:

    Excelente artículo, como dice al final, confirma lo que ya se sabía de San Juan Pablo II. Qué gran dicha la nuestra de haber sido testigos de su vida, acciones y peregrinar por este mundo.