Aquí os dejamos la traducción de un artículo publicado en chastity.com, sobre la virtud de la pureza, en el que se busca responder esta pregunta: «¿Por qué Dios nos da hormonas tan poderosas ahora, si se supone que nos debemos casar dentro de diez años?». La traducción es de Hernando Bello.

 

Pienso que hay algunas razones. Quizá la más obvia sea que en nuestra civilización moderna uno se casa más tarde que en otras culturas a lo largo de la historia. En muchas de esas culturas, las chicas se casaban poco después de la pubertad y los chicos eran esposos cerca de los 18. Obviamente, los tiempos eran diferentes entonces; por eso, no recomiendo que un universitario le proponga salir a una chica de segundo de la ESO.

Una razón por la que nos casamos tarde es porque, precisamente, en nuestra cultura los jóvenes tienden a madurar algo tarde. En muchas otras sociedades, los niños se convierten en hombres al pasar a la adolescencia: obtienen sus trabajos, aprenden a cuidar de sí mismos, y se preparan para encargarse de las responsabilidades de la familia. En cambio, en otras culturas tenemos hombres de 28 años que viven con sus madres y juegan a videojuegos hasta la una de la mañana. Otra razón es que nuestra sociedad ha avanzado en educación y muchas personas prefieren educarse y hacer una carrera universitaria antes de la vida de familia. Es nuestra decisión.

Digo esto para mostrar que Dios no se equivocó cuando nos hizo. Lo que hemos hecho ha sido cambiar la edad tradicional del matrimonio. De nuevo, no es que te recomiende que te cases temprano, sino que seas prudente en los deseos que suscitas en tu cuerpo.

El Cantar de los Cantares (3, 5) dice: “No suscites, no excites, el amor antes de su tiempo”. Desafortunadamente, los medios de comunicación suscitan los deseos por nosotros. ¡He visto estudios que mostraban que un joven promedio ve catorce mil referencias e insinuaciones sexuales cada año!

Ahora bien, puedes estar pensando: “Yo no suscito ningún deseo. Ellos están allí de cualquier forma”. Debes saber que Dios mismo te ha dado esos apetitos sexuales. ¿Recuerdas, en el Génesis, cuando Adán vio a Eva por primera vez? Él dijo: “Esta, por fin, es carne de mi carne, y hueso de mis huesos”. Él vio en ella cierto término de él mismo, y como respuesta, se sintió llevado a hacer de sí un regalo para ella. Este deseo de hacer de ti mismo un regalo para un hombre o una mujer está como un sello en tu cuerpo y en el de él o ella. ¡Es bueno!

Pero también tenemos estos apetitos sexuales cuando somos solteros para que aprendamos a controlarlos. A menos de que un ser humano aprenda a controlar sus deseos sexuales antes del matrimonio, será incapaz de amar a otro dentro del matrimonio. Sólo lo usará. Para controlar tus deseos es necesario entrenarte en la fidelidad. Después de todo, si te entregas a tus deseos ahora, encontrarás que no te sientes satisfecho. Alguna vez un joven me dijo: “Empecé a notar que cuanto más sexo tenía, más quería. Siempre había escuchado que tener sexo era la forma de dejar aparte la ‘tensión sexual’, pero lo contrario era lo cierto. Tener sexo incrementó mi deseo. Era como una droga. No podía detenerme, y, al mismo tiempo, no estaba satisfecho del todo”.

Entonces, la solución para nuestros apetitos sexuales cuando somos solteros no es entregarnos a ellos, sino controlarlos en el nombre del amor. Me he dado cuenta que aquellos que eran más castos eran los que se mantenían puros. La lógica moderna te diría lo contrario: si quieres guardar abstinencia, debes dejar que tu libido salga a flote y eso te mantendrá fuera de ese camino. Cualquier hombre que es honesto con sí mismo se dará cuenta de la broma que es esto. Con eso, sencillamente querrás más.

Lo que hace que esto sea un gran reto para los adolescentes es que algunas veces parece que todo el mundo en el colegio está en una relación intensa, menos uno. En realidad, la mayoría no lo está: todo lo que vemos es aquellos que parecen tener una cita cada fin de semana. En el esfuerzo por tener la intimidad que creemos que los otros tienen, podemos involucrarnos en citas y citas, mientras que estamos una década lejos del matrimonio. Empezamos a estar emocionalmente cercanos con el otro y los cuerpos desean la misma cercanía. La solución está en el verdadero concepto del noviazgo.

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