«El hecho de que ese periodista que fuma puros pueda ser un santo de la Iglesia Católica, me hizo comprender lo que es la comunión de los santos. No son sólo un tipo particular de persona». Esto es lo que atrajo a Dale Ahlquist a la Iglesia católica: saber que Gilbert Keith Chesterton, escritor y apologeta católico inglés, podría ser santo.

Ahlquist, que era baptista, preside hoy la American Chesterton Society (ACS). Fue en una conferencia de esta sociedad en la que Ahlquist dio a conocer la noticia sobre la posible beatificación de Chesterton, cuando anunció que el obispo católico inglés, Monseñor Peter Doyle, está «buscando un clérigo idóneo para comenzar una investigación” para abrir la causa de la beatificación.

Este anuncio ha sido recibido con mucha emoción y alegría, no solo por parte de los miembros de la ACS y los fieles lectores del escritor inglés, sino también por aquellos que esperan ver en los altares a santos “más cercanos”, más imitables en un mundo como el de hoy. Manifestación de esto último se encuentra en el texto que circula estos días por la red: “Necesitamos santos de jeans y zapatillas… que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos…”. Aunque este texto se atribuye de forma errónea al Papa Francisco (también se ha desmentido que sea de San Juan Pablo II o de la Beata Teresa de Calcuta), sí refleja algo que busca el Santo Padre: que los católicos “salgan a las calles” a anunciar la fe. De hecho, se dice que una de las razones que motivaron la iniciativa de abrir la causa de beatificación de Chesterton fue la elección del cardenal Bergoglio como obispo de Roma, ya que él, siendo arzobispo de Buenos Aires, afirmó su apoyo a la causa de Chesterton para elevarlo a los altares.

No se puede negar: Chesterton se adelantó a Francisco dando ejemplo de cómo se “suda la camiseta” para ser un buen católico. Desde su propio ambiente, el escritor inglés trató de vivir cristianamente sus deberes. En palabras de Ahlquist: «Definitivamente él (Chesterton) vio lo que está pasando en nuestra cultura, los atentados contra la vida, contra el matrimonio, las enormes diferencias económicas que existen. Parece que acertó en todas esas cosas. Pero lo hacía con alegría, con caridad y bondad, sin golpear la mesa de la condenación». Eso hizo Chesterton: no se alejó de la realidad, sino que trató de santificarla desde donde estaba, «justo en el medio de los latidos del corazón en el periodismo de Londres”.

Sin duda, un gran ejemplo para nosotros, para convencernos de que alguien que fuma puros puede ser santo. Incluso que un periodista también puede serlo.

Más información: Camineo.info y Zenit.

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