Karol Wojtyła, mejor conocido como Juan Pablo II, nació en 1920 en una pequeña ciudad de Polonia llamada Wadowice. Vivió en su propia carne la ocupación nazi del país y tuvo que estudiar en el seminario clandestino de Cracovia. El año 1946 fue ordenado sacerdote, y más adelante se doctoró en Teología en Roma.

Fue nombrado Papa el 16 de octubre de 1978. Su pontificado se centró mayoritariamente en el diálogo ecuménico, sobre todo con judíos y ortodoxos, y en promover los valores de la familia. También escribió encíclicas sociales (Laborem exercens, Sollicitudo rei sociales, Centesimus Annus), buscó compatibilizar fe y razón (Fides et Ratio) e hizo énfasis en la llamada a la santidad de todas las personas, sin importar su raza o posición social (Christis fidelis laici).

Su cercanía a los jóvenes se manifestó en plenitud en 1985, año en el que instauró la Jornada Mundial de la Juventud, un encuentro en el que millones de jóvenes se reúnen para celebrar a Cristo y mostrar su apoyo al Sumo Pontífice. Desde entonces, se ha celebrado en Sydney, Manila, Alemania y Río de Janeiro, entre otros.

La próxima Jornada Mundial de la Juventud se dará en 2016 en Cracovia, Polonia, lugar en el que Juan Pablo II terminó sus estudios como seminarista. No obstante, la elección del sitio por el actual Papa, Francisco, no se limita a un detalle para celebrar la canonización de su antecesor.

Este año ha sido proclamado el Jubileo de la Misericordia para celebrar el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II. Santa Faustina Kowalska, a quién Jesucristo reveló el mensaje de la Divina Misericordia, era también polaca, y el Santo Padre Juan Pablo II le tenía una enorme devoción. Él mismo decía decía: «En cierto sentido, el mensaje de la Divina Misericordia ha formado la imagen de mi pontificado».

Esas palabras, predicadas con tanta fuerza y emoción en Cracovia, tienen una enorme transcendencia. Y es que el mensaje entregado a Santa Faustina tuvo una real y profunda influencia en la vida del santo. «Debemos perdonar siempre», decía San Juan Pablo II, «recordando que nosotros mismos hemos necesitado el perdón. Tenemos necesidad de ser perdonados».

En un contexto histórico marcado profundamente por la guerra, por miles y miles de muertos, por el hambre, por la pobreza, un hombre que vivió junto con sus compatriotas el horror de la violencia nazi se atrevió a dedicarse a predicar el perdón y la misericordia.

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