Hoy ha sido un día más o menos calmado pero bien aprovechado. Hemos acudido a la feria vocacional, donde había ya mucho ambientazo. Allí y en el metro nos hemos encontrado con los primeros grupos de españoles que vemos por aquí.

Hemos podido tener unos momentos de rezar con calma delante de la Eucaristía en la capilla del Santísimo, que habían montado las monjas de la Madre Teresa de Calcuta. Un silencio profundo para poder hablar con Jesús. Sólo el ruido de la lluvia que caía y tamborileaba en la lona de la capilla, y de vez en cuando las monjas entonaban un «Laudate Dominum» precioso.

Lucía en el metro de Río

Un cartel azul en una de las paredes decía:»Fix your eyes on Him Who is the Light», y al mirar la Hostia en el altar era fácil comprobar que era así. Quien nos contemplaba desde el altar era el mismo Cristo del Corcovado que nos abrazaba incluso a través de la niebla, aunque no pudiéramos ver su rostro. Justo al lado de la capilla había un grupo de confesionarios, para poder hacer realidad el abrazo de Cristo.

Después hemos ido hasta el barrio donde nos alojamos -Tijuca- para ver al Papa que iba a pasar por allí de camino a la visita a un hospital. Hemos aprovechado a rezar el Rosario bajo la lluvia mientras esperábamos. El Papa ha pasado rapidísimo y sólo hemos alcanzado a ver su brazo saludando por la ventanilla del coche, pero nosotros estábamos felices por la misión cumplida: que el Santo Padre sienta nuestra acogida y nuestro calor en todo momento.

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