VC JMJ2013
Por la mañana nos hemos estado preparando para la Vigilia de mañana y hemos ido a recoger provisiones al supermercado. Tras comer en casa de una de nuestras familias de acogida y preparar unos bocadillos para cenar hoy en la playa tras el Vía Crucis , nos hemos dirigido hacia Copacabana. Hemos llegado cuando el Papa ya estaba allí y justo nos ha dado tiempo a situarnos para empezar el Vía Crucis que hemos podido seguir bien gracias a nuestros «libros de liturgia» en los que venía la traducción.

Me han encantado las reflexiones de cada una de las estaciones, especialmente las dedicadas a la mujer, a la defensa de la vida y al papel de las redes sociales. Luego el Papa, en las palabras que nos ha dirigido, ha lanzado un mensaje exigente e ilusionante. Era emocionante ver cómo los jóvenes respondíamos con aplausos cuando el Papa nos hablaba de las exigencias de la Cruz, de seguir a Cristo, de coherencia.

En el taxi de vuelta a casa el conductor nos ha contado su historia: él es voluntario de la JMJ y durante muchos años fue drogadicto. Ahora, gracias a Dios, está totalmente curado y es ministro de la Eucaristía. Nos ha contado que le gusta mucho que el Papa hable tan claro del problema de la drogadicción.

Volviendo a casa nos hemos encontrado con un grupo de brasileños que conocimos en la Feria Vocacional. He hablado durante un trecho del camino con dos de las chicas y hemos llegado a la conclusión de que si los millones de jóvenes que estamos en la JMJ nos decidiéramos de verdad a ser santos y a mejorar y a luchar por ello, esto cambiaría el mundo. Y esto le pedimos a Dios en esta JMJ: que seamos capaces de cambiar el mundo.

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