entrada jesus jerusalen - Jerusalén - Viernes IV Semana de Adviento

Junto con una inmensa caravana, María y José ascienden hacia Jerusalén. El aire es denso, sin apenas humedad. Atraviesan el desierto por la escabrosa calzada, subiendo hacia la Ciudad Santa.

Cuando llegan arriba al anochecer, ven desde el monte de los olivos el resplandor del Templo, iluminado por llameantes pebeteros.

«Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas -dirá años más tarde el Mesías-, ¿cuántas veces quise congregarte como la gallina a sus polluelos?».

Allí culminará nuestra salvación. Aunque con dolores más terribles que los de parto.


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