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BARTOLOMÉ O NATANAEL

La pintura que traemos a nuestra reflexión para este apóstol es absolutamente dramática. Se encuentra en Roma, en la Capilla Sixtina, y es un fragmento de El Juicio Final, pintado al fresco por Miguel Ángel Buonarotti.

La historia de Bartolomé

Según una antigua tradición, el apóstol Bartolomé fue martirizado desollando su piel. El artista representa al santo glorioso, que sostiene su propio pellejo.

El nombre de Bartolomé es patronímico, pues hace referencia explícita al nombre de su padre. Se trata de un nombre de características probablemente arameas, «bar Talmay», que significa hijo de Talmay.

No tenemos noticias importantes de Bartolomé. De hecho, su nombre siempre está y sólo dentro de las listas de los doce. Sin embargo, tradicionalmente, es identificado con el discípulo Natanael. Como nos dice Juan en su Evangelio (21,2) Natanael era originario de Caná, y por tanto es posible que hubiese sido testigo de algún signo realizado por Jesús.

La identificación de los personajes -Batolomé y Natanael- se debe probablemente a que Natanael, en la escena de su propia vocación narrada por el Evangelio de Juan, es colocado junto a Felipe, es decir, el mismo puesto que tiene Bartolomé en las listas de los apóstoles referida por los demás evangelios.

La vocación de Bartolomé – Natanael

En el Evangelio de Juan (1,45) se narra que Felipe acudió donde su amigo Natanael -imaginamos que con entusiasmo- y le dijo: «Hemos encontrado a aquel del que escribieron Moisés en la Ley y también los profetas. Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.».

Caná no estaba lejos de Nazaret. El artesano José era conocido en la vecindad. A Natanael todo esto le resultó excesivamente simple, vulgar. Y dijo: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» (Juan 1, 46).

Evidentemente Natanael conocía tal aldea, que no mereció mención ninguna en las Escrituras, y que era un poblacho pequeño y pobre. ¿Acaso -pensaría Natanael- el Mesías no vendría de alguna ciudad sagrada como Jerusalén? Pero… ¿de Nazaret? El comentario de Natanael pudo ser sarcástico, burlesco, y hasta despreciativo. Típico por otro lado de aldeas vecinas y por ende rivales.

Lo magnífico es que el intrépido Felipe, que venía a decirlo con ilusión, es como si no escuchara los comentarios despectivos de su interlocutor, e insistió con igual fe: «Ven y lo verás» (Juan 1,46).

Suponemos sólo que el poder de persuasión de la amistad hizo que Natanael confiara en su colega Felipe.

Jesús vio acercarse a Natanael, que vendría acompañado de su amigo Felipe. Y una vez más, el Maestro nos sorprende con unas palabra enigmáticas, que pronunció al ver al incrédulo Natanael: «Ahí tenéis un israelita de verdad, en quien no hay engaño». La mirada de Jesús (¿cómo sería?), y sus palabras, desconcertaron grandemente a Natanael. Sin embargo, entre dubitativo y perplejo, respondió: «¿De qué me conoces?» (Juan 1, 48). La respuesta de Jesús, como decíamos, es críptica: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi» (Juan 1,49).

Según dicen los especialistas exégetas, la higuera era el árbol bajo el que habitualmente se sentaban los  doctores de la Ley para leer y meditar la Biblia. ¿Y si Jesús había «penetrado» en el interior de Natanael en su oración bajo la higuera? La respuesta de Natanael es un acto de fe y rendimiento ante la evidencia: «Rabbí, tu eres el Hijo de Dios, tu eres el Rey de Israel» (Juan 1,49).

No cabe duda de que estas palabras le convencieron. Si realmente Natanael hacía habitualmente oración a Dios bajo una higuera, le habría pedido al Señor que enviara cuanto antes al Mesías, como hacía todo judío piadoso. Probablemente Natanael quedó confuso con el halago. Pero Dios que escruta los corazones conoce nuestras faltas y nuestros logros. En este caso alabó la sinceridad  e integridad del discípulo. Todo ello cautivó al de Caná, que desde entonces lo siguió.

Martirio

En cuanto a la sucesiva historia y al martirio de San Bartolomé, una tradición medieval no confirmada (pero es la que ha perdurado) nos dice que predicó en Armenia, y que el rey Astiages lo martirizó desollándolo. Tradiciones anteriores que se remontan a Eusebio de Cesarea, lo colocan predicando en la India.

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