Candela Copparoni

Cuando uno emprende una nueva etapa, como es la de la universidad, las cosas no son siempre fáciles. Cientos de dudas surgen en la mente: ¿cómo será?, ¿a qué personas conoceré?, ¿dónde viviré?, ¿mi casa estará cerca de mi facultad?, ¿podré compartir mi fe con otros jóvenes?…

Para sorpresa de muchos, existen aun si no son muy conocidas, las casas de estudiantes cristianos. No es un colegio ni una residencia, sino una gran comunidad que decide poner en el centro de su vida a Dios y recorrer unida ya sea el camino académico como el camino de la fe. Este es el caso de Santa Fosca, una casa situada en el corazón de Venecia gestionada por el Centro de Pastoral Universitaria que acoge alrededor de cien jóvenes al año.

Existen muchas otras opciones: apartamentos, residencias, casas de familias… Sin embargo, ellos han escogido una vida compartida, basada en el respeto y la corrección fraterna. Son los mismos santafosquinos quienes han redactado las normas de la casa en pos de una convivencia mejor. Y la verdad es que aquí se comparte casi todo: capilla, salas de estudio, cocinas, biblioteca, lavandería… Todo está abierto, incluso las habitaciones, porque una de las reglas fundamentales de la casa es la confianza en el prójimo.

Ciertamente, a veces es complicado y se requiere un esfuerzo extra para entender al otro y saber percibir lo que necesita, compartir las propias emociones o aceptar las costumbres y manías de personas completamente distintas, cada una procedente de un entorno diferente y especializada así mismo en ámbitos de estudios diversos. Pero a pesar de todo, el crecimiento personal es innegable. El hecho de aprender de quien se tiene al lado, de no dejar de conocer y sorprenderse día a día por las experiencias vividas, de tener siempre a alguien que te eche una mano, te escuche o te acompañe entraña una riqueza inconmensurable.

La multiculturalidad y la interdisciplinariedad forman parte de esta casa que además ofrece una inmensa cantidad de posibilidades a los estudiantes. El estilo de vida gira en torno a un encuentro semanal comunitario en el que se celebra la Eucaristía o se profundiza a través de distintos grupos de formación en el conocimiento personal y de la propia fe. Además, los jóvenes que lo desean son guiados en una experiencia de servicio y voluntariado, por ejemplo, como catequistas, dentro de diversas asociaciones de migrantes o en el mismo comedor social que comparte espacio físico con Santa Fosca y que atiende a las personas de la ciudad y sus alrededores que más lo necesitan. Asimismo, otra de las actividades habituales es la organización de un cinefórum que reúne a los miembros de la casa frente a la pantalla para luego debatir sobre los valores de la película, orientados por un especialista.

Vivir como comunidad las fiestas litúrgicas principales, participar de las actividades diocesanas programadas como el encuentro con el Patriarca o la visita a la Basílica, momentos de convivencia con las otras casas pertenecientes a la Pastoral Universitaria, la misa dominical vivida con los amigos o el reunirse voluntariamente para empezar el día con el rezo de las laudes son algunas de las oportunidades de las que los universitarios pueden disfrutar mientras prosiguen con sus estudios. Una vivencia posiblemente inusual que seguramente marcará una diferencia en el corazón de quienes pasan por ella, y no solo, porque muchos de estos jóvenes esperan ser capaces de transmitir en sus relaciones diarias lo que experimentan en fraternidad.

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