21 Junio 2010
Autor: Alejandro Navas - #548 - Categoría: Ética y Antropología
Parece que la Democracia se va consolidando en el mundo. Los países desarrollados la exportan como condición sine qua non al tercer mundo, si quieren que éstos sean ayudados. Luego, desgraciadamente, ya se sabe lo que pasa. La corrupción imperante en las vías de penetración de la ayudas (sea cual sea su modo), se lanza a un feroz intervencionismo, creando una verdadera red (o redes) de estraperlo, que llega no sólo a crear bolsas de hambre o enfermedades, sino muertes en masa en todo el globo terráqueo.
Y es que la política está concebida para mujeres y hombres buenos. El hombre bueno, la mujer buena, no son un conjunto de bobos a los cuales se puede engañar. Son personas con muchas agallas, que desde la vida privada -su trabajo, su familia, sus relaciones sociales- pueden ayudar, si se les deja, a construir un mundo mejor, más solidario.
Son necesarios para la Democracia unos buenos cimientos de bonhomía, de una ética común; si no se caerá una y mil veces en el engaño, en la mentira, en la habilidad dialéctica, en las encuestas y en los asesores de imagen. Es decir, en la falsedad. Haciendo un pésimo servicio a los ciudadanos, moviéndose por intereses partidistas. Si se comete un error, se oculta. Si no se puede ocultar, se ataca a los oponentes, que hicieron en su día las mismas fechorías.
En muchos países la Democracia no ha llegado a nacer (es otra cosa); en otros está herida de muerte y en los que estás más arraigada, hay países que tienen serios problemas para que sistemas radicales no se les vengan encima. Ya están en los Senados y en los Palacios de Congresos.
Muchos políticos no son honrados. No se trata de sonreír, nos va la vida en ello. Ojala nos sucediera como relata Alejandro Navas en su artículo del 31 de mayo publicado en el Diario de Navarra.
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El justiciero del que voy a hablarles no vive en el bosque de Sherwood durante el s. XIII, sino en la Letonia de nuestros días. Inspirándose en la película Matrix, se hace llamar “Neo” y actúa básicamente en Internet. Durante los últimos meses se convirtió en un auténtico héroe nacional: en febrero comenzó a difundir a través de Twitter los sueldos de políticos y de directivos de empresas públicas letonas. Se puso así de manifiesto que los drásticos recortes salariales, ordenados por el gobierno para hacer frente a la tremenda crisis económica, no habían afectado apenas a los más altos responsables de la administración. Un clamor de indignación recorrió el país: una vez más, los políticos escurrían el bulto ante el sacrificio y protegían cuidadosa y sigilosamente sus privilegios. La gente manifestó de modo espontáneo su simpatía y apoyo por este Robin Hood virtual, a la vez que criticaba el injusto proceder del gobierno. Autoridades y policía se movilizaron para dar con su identidad y con sus fuentes, pues los datos que iba proporcionando eran rigurosamente exactos. Parecía lógico suponer que había alguna filtración dentro de la propia administración.
El misterio acaba de desvelarse: el moderno Robin Hood letón se llama en realidad Ilmars Poikans, tiene 31 años y es un experto informático dedicado a la docencia. El origen de su actividad como Neo es más bien accidental: en verano del año pasado se encontraba haciendo la declaración de la renta y no lograba abrir el documento necesario para utilizar la firma electrónica. Después de reiterados intentos lo consiguió, con la sorpresa de que había accedido al archivo nacional de las firmas electrónicas de todos los contribuyentes letones. No dio parte del incidente a las autoridades, por miedo a que lo tomaran por un hacker. Descargó gran parte de esos datos y los fue publicando a lo largo de los meses siguientes, con el objetivo de denunciar la intransparencia y cinismo del gobierno, que mientras imponía al país una cura de choque para salir de la crisis, se aferraba con engaños a sus privilegios.
Esta vez parece que finalmente ha ganado el sheriff de Nottingham, pues Poikans ha sido detenido por la policía, pero el caso apenas ha empezado y su desenlace resulta imprevisible. Varios destacados políticos letones se han puesto del lado de Poikans, pues aunque los medios utilizados hayan sido de dudosa legalidad, ha contribuido al logro de una transparencia en la cosa pública que resulta más que deseable. La personalidad de su abogado defensor, Aleksejs Loskutovs, añade picante al episodio: se trata del anterior director de la agencia nacional anticorrupción, destituido hace tres años por tomarse su trabajo demasiado en serio y “molestar” al establishment. Su cese se convirtió en un escándalo nacional, que dio lugar a las manifestaciones populares más numerosas de la Letonia reciente y obligó al gobierno a dimitir.
El “caso Neo” afecta también a la libertad de información en Letonia. La policía investiga el papel de la periodista de televisión Ilze Nagla, que fue la primera en informar de las actividades de Neo, al que conoce desde hace años. En el curso de las investigaciones sobre su posible complicidad, la policía registró su casa y se incautó de su ordenador de modo ilegal, lo que provocó una movilización masiva de los periodistas letones, que veían peligrar la siempre frágil libertad de expresión. 140 destacados profesionales de la comunicación han firmado un manifiesto de protesta, gesto hasta ahora desconocido en la opinión pública letona, y plantan cara al gobierno.
No puedo evitar sentir simpatías por Neo, y confío en que salga con bien de este trance. A la vez, admiro a gente como su abogado defensor, luchador incansable contra la corrupción, y a esos periodistas que están dando toda una lección de coraje y solidaridad para defender a una colega en dificultades y a la causa de la libertad en general. ¿Dónde encontramos en España gestos de civismo y valentía comparables?
