20 Enero 2005
Autor: Asociación ANDEVI - #101 - Categoría: Cultura de la Vida

[Si alguien destroza un magnífico bosque porque no le gusta el paisaje, o porque le da un pronto depresivo, el clamor social es gigantesco -un verdadero rugido- porque aquello es una salvajada irreparable, un crimen contra la naturaleza ("contra natura"). ¿Cómo es posible que no pongamos también el grito en el cielo -con más razón- cuando se destruye la vida humana? Este es el argumento del último Boletín de Andevi.]
 


A veces no nos paramos a pensar en todas las implicaciones de ciertas frases hechas, de uso común. Sabemos bien que la frase “contra natura” se refiere a lo que va contra la naturaleza de las cosas o de las personas, pero ¿somos consecuentes a la hora de no admitir lo que es “contranatural”?

Por ejemplo, si alguien, por motivos nunca justificables, destroza un bosque espléndido en algún lugar, salta de inmediato la alarma social porque esa acción va claramente contra las leyes de la naturaleza que rigen el desarrollo ecológico. Entre otros muchos, los ecologistas pondrían el grito en el cielo.

Sin embargo, ¿cómo es posible que pongamos el grito en el cielo cuando se destruye un hermoso paraje natural y no nos quedemos pasmados, atónitos, cuando se destruye la vida humana de tantas maneras diferentes, todas ellas contranaturales? Las protestas ante tales manejos suelen quedarse, a veces, en una lamentación estéril.

Pues no. Hay que gritar que la naturaleza humana también tiene sus leyes; una ley natural que, si no se cumple, produce un destrozo mucho más grave: el destrozo de ese nutrido bosque de personas, etnias, culturas e instituciones al que llamamos sociedad.

Podemos hundir la sociedad si no acatamos esa ley que, por ser natural, es objetiva y tiene un alcance universal; nos abarca a todos, seamos creyentes o no creyentes; seamos cristianos o musulmanes; seamos budistas o nos consideremos agnósticos. Porque la ley natural no es de carácter “confesional”, sino que responde a la naturaleza humana tal como es, y no como algunos pretenden que sea.

Toda persona de buena voluntad es coherente con la ley natural cuando, por ejemplo, defiende la vida y no acepta que se legalice el aborto en cualquiera de sus modalidades; es consecuente con la ley natural si se opone a la destrucción de embriones humanos por motivos pseudo científicos o puramente crematísticos; y lo es cuando proclama a los cuatro vientos que la unión entre personas del mismo sexo no se ajusta a la ley natural y, por esa razón, no puede equipararse legalmente al matrimonio.

La naturaleza humana, que lleva consigo la dignidad de la persona, es como es y no puede ser materia de debate. Una ley “contra natura” será siempre una ley injusta, aunque se apruebe por mayoría de votos, ya que trae como consecuencia la autodestrucción de la humanidad. Que quede claro.

 

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