Todo tiene su cara y su cruz, su riesgo y su oportunidad

Ya en pleno siglo XXI nadie niega que el movimiento feminista ha sido necesario y legítimo -aunque no exento de errores- para la realización plena de la vocación de la mujer, en cuanto a la defensa de su dignidad y en respeto a su naturaleza femenina.

De las diversas corrientes en el seno del feminismo hay un riesgo y a la vez una oportunidad.

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El mayor riesgo: la exasperación del principio de igualdad

El mayor riesgo es la exasperación del principio de igualdad y comienza en el 68 con la liberación de la maternidad gracias a la comercialización de la píldora anticonceptiva. Esto permite que el igualitarismo con la condición masculina y la instrumentalización de la sexualidad, degrade la cultura y el ambiente social. A lo largo de estos últimos 50 años las diversas corrientes del movimiento feminista han obtenido logros y también auténticos fracasos. Es obvio que es necesario discernir en qué aspectos se construye la dignidad de la mujer y en cuales se destruye. 

La situación actual exige tomar conciencia de que un “feminismo” o “un matriarcado” como grupo de presión social, tiene efectos tan perversos o peores que “el machismo” o “el patriarcado”, que se pretendía abolir como origen de todos los males sociales. 

En pleno siglo XXI, nos encontramos con que el ideal femenino ya por fin emancipado del ámbito doméstico, “ha provocado un escenario de crisis de la feminidad y de la masculinidad en el que hombre y mujer se desorientan y  no saben cómo relacionarse”. (J. Echevarría, 2006).

El efecto más perverso está en las consecuencias para la vida humana; vida que ha perdido también su valor y su dignidad.

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La gran oportunidad: reflexionar sobre el ideal femenino a la luz de la Creación

Surge una oportunidad, un movimiento de reflexión constante sobre el ideal femenino a la luz de la Creación del ser humano (varón y mujer) como imagen de Dios: iguales, diferentes y complementarios.

El modelo de comportamiento es María, “la mujer, más mujer”, imagen femenina de Dios en estado puro; el genio femenino, una constante en la vida de la Iglesia. Si bien, la interpretación humana de la voluntad de Dios para la mujer y su adaptación concreta al contexto histórico tiene sin duda su propia evolución al ritmo de la historia de la humanidad.

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En María y el valor de la mujer (diciembre de 1995) Juan Pablo II reconoció que las reivindicaciones feministas, “en gran parte legítimas, han contribuido a lograr una visión más equilibrada de la cuestión femenina en el mundo contemporáneo”. “En algunos casos, la Virgen de Nazaret ha sido presentada como el símbolo de la personalidad femenina encerrada en un horizonte doméstico restringido y estrecho”.

“Por el contrario, María constituye el modelo del pleno desarrollo de la vocación de la mujer al haber ejercido, a pesar de los límites objetivos impuestos por su condición social, una influencia inmensa en el destino de la humanidad y en la transformación de la sociedad.

María reafirma el sentido sublime de la belleza femenina, don y reflejo de la belleza de Dios.”

Juan Pablo II, anima a las mujeres a ser competentes, a incorporarse con todas sus capacidades al servicio de la sociedad, denunciando las injusticias y los abusos, pero sin olvidar el modelo, y el camino: A Jesús por María.

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El mundo está necesitado de que el Genio Femenino despierte

Ahora, más que nunca el mundo necesita que el Genio Femenino despierte y cumpla su vocación de hacer que la dignidad de la vida humana no decaiga.

“Necesitamos una nueva forma de pensar, una nueva forma de mirar a los demás, que supere el dominio y la seducción. Así, puede surgir un nuevo escenario social, sin vencedores ni vencidos. (J. Echevarría, 2006). 

El Papa Francisco nos propone una presencia más incisiva de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, y un reto: sustituir el miedo por una nueva imaginación de la caridad. Nochebuena 2017.

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