Detrás de cada acto de violencia hay una historia. Los padres podemos ser sembradores de paz y también sembradores de odios y resentimientos de cualquier tipo, cultural, religioso, sexual etc.

La educación de los hijos es clave para prevenir la violencia, educar el carácter es un arte que no se consigue con carantoñas, ni se forja por la fuerza; la firmeza y la ternura son compatibles, y con el tiempo curan el corazón, de donde surgen las pasiones, en definitiva, la ira, el odio y la violencia.

A continuación, te damos 10 claves que pueden ayudar en esta tarea:

  1. Atención al vínculo del apego con el hijo, infórmate bien sobre esto:

El equilibrio en el vínculo afectivo con la madre los primeros años, como cuidadora principal, es fundamental para que los niños crezcan seguros y con confianza. Tanto el exceso de apego como el defecto, con el padre o la madre, en extremo, pueden dar lugar a trastornos del comportamiento. Los niños no son osos de peluche, ni “hijos paquete”, que se colocan de un sitio a otro, mientras uno hace otras cosas.

  1. La unidad de los padres es el muro de contención:

Lo que más necesita un niño es ver que sus padres se quieren, y por lo tanto es querido. Muchos niños sienten que son un problema y causan discusiones entre los padres, esto les abruma, aunque no sean capaces de manifestarlo expresamente, ni tengan una conciencia clara de la situación.

  1. Soporta las rabietas, no las evites:

Trabajar la frustración provocada por “órdenes razonables” es fundamental; si consientes que tus hijos te hablen mal, a gritos, que desobedezcan, que no acepten normas, ni consecuencias, por una bondad mal entendida, por evitar problemas y tener paz; ten cuidado, estás sembrando conductas de malos tratos, presentes y futuras.

  1. El adulto eres tú. No descargues tus frustraciones con ellos:

Piensa bien si ya estabas frustrado antes por alguna otra cosa, cuando tu hijo hizo algo que desencadenó una tormenta. Cuando los padres descargamos la frustración con nuestros hijos sin controlar la fuerza, la intensidad, o la proporción, no podemos esperar otro comportamiento de ellos cuando sean mayores. Los vaivenes emocionales de los padres no son lo más equilibrado para el desarrollo sereno de un niño.

  1. Acéptales. ¡Me gusta cómo eres…!

En muchos casos, los padres miramos a los hijos como una carga que soportar y los hijos lo perciben por osmosis. Necesitan oír muchas veces, me gustas, no me molestas, ¡qué bien que estás conmigo!, y mirarles sonriendo; más si son adolescentes, aunque no lo merezcan, eso no significa dejar de corregir si es preciso.

  1. Ojo con las culpas.

Culpabilizar y responsabilizar a los niños de todos los males que nos rodean, les ahoga y la agresividad puede surgir en defensa propia.

  1. Aprender y enseñar a perdonar.

Perdonar es mucho más de lo que te imaginas. Significa olvidar, volver a empezar como si nada hubiera pasado, sin prejuicios, una y otra vez. Disculpar por adelantado, “no necesito perdonar porque he aprendido a querer”, decía San Josemaría.

  1. No rebotar la tensión sino absorberla.

La tensión de una discusión con un hijo mayor, se descarga con el hermano pequeño, hasta que llega el padre y vuelve a acabar en la madre, se llama violencia en cadena y destroza el ambiente familiar. La tensión añadida a la tensión es una bomba que hay que desactivar lo antes posible.

  1. Formar rectamente la conciencia

Para saber discernir el bien y el mal, en la medida de lo posible. En relaciones muy cercanas es preciso salir de uno mismo y ser objetivo para ser justo. Dejarse ayudar por una dirección espiritual y por especialistas si se diera el caso, es clave.

  1. Sin Dios no hay paz: 

Después de todas las anteriores, lo más importante para no perderse en la ley de la selva es cultivar las convicciones espirituales, que son la raíz de la paz o de la amargura interior. Sin Dios no hay paz, estamos inquietos, desconocemos nuestro origen, nuestro fin y el sentido del sufrimiento y de la vida.

Sobre la relación entre la búsqueda de la verdad, las convicciones espirituales y su relación con la violencia de todo tipo, reflexiona Benedicto XVI en una Jornada de reflexión sobre la paz y la justicia en el mundo. Un documento magistral sobre la paz que interpela a creyentes y agnósticos, todos ellos “Peregrinos de la verdad”.

En nuestra realidad más cercana, una imagen vale más que mil palabras y el amor santo entre hombre y mujer son viva imagen de Dios, los padres somos la imagen, el espejo en el que ellos se miran. La unidad y la paz entre el padre y la madre es el hogar que el hijo anhela, el hogar donde los hijos quieren volver, aunque a veces haga falta una vida entera.

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